Diario de León

La isla luminosa

Jamaica es hoy mucho más que la isla luminosa. El viajero encontrará no pocas razones para disfrutarla, aunque está claro que se convierte en un verdadero paraíso para quienes desean acercarse a la naturaleza, ese bien que despreciamos sin palabras

La posibilidad de un baño en una de sus cascadas congratula con uno mismo y con la naturaleza circundante.

La posibilidad de un baño en una de sus cascadas congratula con uno mismo y con la naturaleza circundante.

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Dicen que a Winston Churchill le encantaba la luz de la isla, que intentó plasmar en sus acuarelas. Quién lo diría. Pienso, sin embargo, que viajar permite observar la vida de los otros, una hermosa manera de dar sentido a la propia. E inteligente, como supongo al mandatario inglés del pasado siglo, que, además de corresponsal de guerra en Cuba, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura (1953). Siempre hay vida más allá de la política, especialmente entre los que superan la mediocridad. Y más en pleno corazón del Caribe –hay allí islas que el viajero no debe perder de vista—, donde también se encuentra la isla luminosa, Jamaica, una pequeña isla con poca población que fuera en el pasado refugio de piratas. Hoy, sin embargo, parece, además de luminosa, la tierra del «No problem», característico saludo ritual contraponiendo los nudillos de las manos que el viajero acostumbrará a ejercitar con notable frecuencia si no se aleja del contacto con los isleños, lo que siempre constituye un grave error. Ha de recordar, por otra parte, que este hermoso territorio fue cuna hippie en la década de los setenta, sometido entonces al lema o actitud de «haga lo que le apetezca». Huya, de cualquier modo, de los clichés, que cualquier país o región tiene añadiduras que los superan, en el contexto del ambiente relajado y tolerante que se respira en aquellos aires.

Jamaica es una isla pequeña, razón que facilita su conocimiento. El viajero encontrará no pocas razones para disfrutarla, aunque está claro que se convierte en un verdadero paraíso para quienes desean acercarse a la naturaleza, ese bien que despreciamos sin palabras. Considerada como «Tierra de agua y madera», consideración que me parece ajustada como principio, habría de explicitarse aún más añadiendo o subrayando las anotaciones de vegetación exuberante, ríos de curso rápido, playas de arenas blancas y aguas cristalinas. El viajero es así consciente de lo que puede encontrar en este país de habla inglesa. De él dependerá, claro, poner mayor acento en una o varias posibilidades. Servidor le hace, por si acaso, algunas recomendaciones o anotaciones. Como quiera. Por supuesto, en el suroeste, un recorrido por la capital, Kingston, con su magnífico puerto natural y donde tienen lugar buena parte de los movimientos culturales y musicales, de notable relieve en no pocos casos.

La experiencia viajera enseña que toda elección tiene sus riesgos. Pero me quedo, así y todo, en la costa norte y noroeste para recorrer esencialmente Negril –un excelente destino de playa y hermosura costera—, Montego Bay, seguramente el principal destino turístico, «el golfo del buen tiempo», como lo llamó Colón, y Ocho Ríos –«Ochie» para sus habitantes—, que añade, además, la popularidad que dio a toda la región una película de James Bond. A uno le llamaron especialmente la atención sus playas, la flora exuberante y la fauna exótica, que se acerca sin temores a nativos y visitantes en un pequeño espectáculo que se antoja lleno de color y ternura. Ya que anda por estas latitudes, cerca están las Dunn´s River Falls, cascadas majestuosas en que un baño siempre congratula con uno mismo y con la naturaleza circundante. Experiencia recomendable es igualmente la navegación por el curso de ríos rápidos y serpenteantes en balsa de troncos de madera que los nativos manejan con especial maestría. Tome nota del conjunto porque seguramente el ambiente que se respira en el contexto y ejecución propuestos regresarán a la retina con frecuencia. El viajero ha de pensar, aun no siendo cierto, que los destinos no vuelven a repetirse. Es una forma maravillosa de engañarse, por si acaso.

Dicen –y parece voluntad expresa de los responsables del asunto— que la música es el verdadero aliado de la isla, con el Reggae Sumfest a mediados de julio en Montego Bay como la manifestación más significativa. A nadie se le escapará sin duda la razón más poderosa de esta actitud: cuna Jamaica del reggae, su latido y su alma, la persona que más ha influido en esta música es el mítico Bob Marley, hoy una especie de héroe nacional. O un héroe nacional. Un mito desde luego. «En la década de los años treinta –escribe el viajero Xavier Aldecoa en Hijos del Nilo —, en Jamaica surgió la religión de los rastafari, que tomó el nombre de Ras Tafari, el título de Selassie antes de adoptar su nombre de emperador. El rastafarismo considera al gobernante etíope la tercera reencarnación del dios Jah». La historia continúa. Para acercarse más a ella, aunque no sea devoto de tales músicas y manifestaciones, que nunca entran en contradicción con la curiosidad del saber, nada mejor que acercarse a Nile Mile –quien esto escribe lo hizo desde Ocho Ríos—, el pueblecito asentado en una zona montañosa del centro de la isla donde se encuentra la Casa-museo, declarada Monumento Nacional, y la tumba de Bob Marley. Aquí sobra cualquier palabra, a no ser para añadir que muy cerca hay un espacio desde el que se contempla una hermosa y sugerente puesta de sol. Todas estas puestas tienen algo de mágico, incluido, por supuesto, el ambiente en que se viven. No seré yo quien entre en calificativos y categorías.

La categoría que excedió mis hábitos en este atardecer luminoso fue el acercamiento al picante, que nunca fue santo especial de mi devoción. Jamaica es el mayor exportador de especias del mundo, propuesta tentadora: probar sus mezclas para aliñar comidas es una excelente experiencia gastronómica (cerdo, pollo y costillas a la parrilla son siempre recomendables). No juegue con los excesos, del picante especialmente. He conocido durante algunos viajes experiencias lamentables. Le contaré alguna en su momento. Espero que me cuente la suya en esta ocasión. Disfrute.

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