DESTINOS / CONOCER LEÓN
Brañas que son palacios
La de Pedroso, la Fontetsada, la Degotsada... son algunos de los lugares mágicos que esconde el ‘país de las brañas’, el Alto Sil, en concreto el pueblo de Palacios, meta perfecta para los amantes de la naturaleza, el senderismo y la cultura tradicional leonesa. La ruta por el valle de Pedroso resulta accesible y sorprendente

Vista del río Palacios, junto al camino que lleva a las también muy hermosas brañas de Tsourinas y de Fanales.
Todo aquel que llega por vez primera al Alto Sil queda admirado, inundado de asombro. Incluso si conoce bien otros espacios naturales de la Cordillera Cantábrica—sobre todo si conoce, si tiene con qué comparar— le sorprende la cantidad y calidad de sus masas boscosas, la solidez y sugerencia de su arquitectura tradicional, la permanencia en estos valles de manifestaciones culturales milenarias con la ‘fala’ propia como estandarte principal.
Sin nada que envidiar a Picos de Europa ni a zonas de Asturias o Cantabria promocionadas hasta la saciedad, resulta casi inexplicable comprobar cómo lo que se viene llamando Alto Sil —sobre todo el ayuntamiento de Palacios o ‘Ribas del Sil d’Arriba’, en la documentación antigua— apenas cuenta con apoyos decisivos para su impulso y divulgación.
En medio del silencio y de una naturaleza tan grandiosa que estremece, el caminante puede encontrar en el acceso a sus impresionantes brañas el mejor modo de conocer el corazón de esta comarca verde y montaraz que, a diferencia de los vecinos ‘concechos’ de Páramo y Villablino, no resultó afectada por las actividades mineras. Por eso su patrimonio natural quedó intacto.

Sendero de subida a la braña de la Degotsada. G. FERNÁNDEZ
Palacios cuenta con varias brañas, esos pueblos en miniatura ubicados en zonas altas de pastos hasta las que las gentes subían con sus ganados y enseres para pasar allí gran parte del branu. Las familias se asentaban en cabanas donde hacían la vida: muñían, mazaban el tseite, faían el queisu ya la cuachada, texían, baitsaban..., la Fontetsada, la Braña Pedrosu, la Degotsada, la del Campu Cuevas, Tsourinas o la de Zaraméu («la braña de Zaraméu/ nun ía braña, ía ciudade/ ya mirándola de tsuenxe, paez una capitale», cantan) son algunas de las más conocidas.
Proponemos aquí el ascenso hacia las primeras de ellas, unas rutas accesibles y muy amenas. Una se realiza siguiendo el curso del río Pedroso desde la propia localidad de Palacios. Allí, tras admirar el puente que cantara la gran escritora en leonés Eva González («tien Palacios una puente/ que fixenun los romanus,/ tudita chena de mofu,/ de yedra ya de churiánganus») y se sigue un pequeño tramo de la carretera a Páramo hasta tomar el camino que sale a la derecha. El visitante se interna entonces en un enorme y tupido robledal a través de un sendero que no tiene pérdida y que serpentea al lado del impetuoso arroyo Pedroso.

Algunas ‘cabanas’ de esa misma braña. G. FERNÁNDEZ
A mitad del valle se encuentra la braña del mismo nombre, en lugar soledado que domina toda la contorna, y donde tomar aliento y divisar un paisaje épico. Más adelante, en la cabecera glacial del valle, está la de Fontetsada, muy cerca de los picos Bóveda y Cuetu l’Osu. Ambas brañas cuentan con muchas de sus cabanas bien conservadas, cuyos propietarios usan para meriendas y celebraciones en mitad de una naturaleza abrumadora. Si, en cambio, el senderista elige la también espectacular de la Degotsada, ha de rebasar el cementerio de Palacios para seguir la pista que, entre inmensos castaños, lleva hasta la braña en cerca de hora y media de suave pero prolongada subida. Y aún hay más brañas, claro, pero esas quedan para otro ‘Destinos’.
