CONOCER
La Valcueva: valle de lobos y castillos

RAMIRO (3)
Nada se ha escrito de este valle que no fuera simplemente de pasada, y son tantas cosas y tan apasionantes las que se podrían contar...» Así presentaba Luis Rojo un trabajo que escudriña el valle de La Valcueva, desde los tiempos prehistóricos hasta el abandono rural, desde las civilizaciones que han habitado sus grutas y valles a las leyendas que sobre todas ellas sobrevuelan, el atractivo de un paraje que bascula entre las ariscas peñas y las suaves lomas, y que sirve de preámbulo para dos de los ramales privilegiados de la naturaleza leonesa: las tierras altas del Torío y el Curueño hacia la cima cantábrica.
Dos trazados de hoces comunicados por un valle amable en lo paisajístico (también en las rutas a pie y en bici); y plagado de una historia que merece ser puesto en valor. En sus ruinas y recovecos del valle se guardan las historias de los moros que escondieron en pozos aún buscados sus tesoros al rey Pelayo (los moros de Peña Cantable); y sobre todo las raíces de la estirpe de los Guzmanes. Los restos del que fue imponente castillo medieval de Aviados. Un legado en ruinas que susurra toda la historia de las civilizaciones que arraigaron en estas tierras, desde los castros y los visigodos a los poblados hoy desaparecidos.
La historia escrita en un breve trazado de pueblos (Robles, Palazuelo, La Valcueva, Aviados, Campohermoso, hasta La Vecilla) en los que se entrelaza una carretera suavemente serpenteante con la línea de Feve, el tren minero, la cremallera que fue de la economía del carbón que hoy subsiste, con no pocos conflictos. Mientras por otra parte ofrece una alternativa turística y de viaje contemplativo y reposado de impagable valor.
El armonioso trazado que transcurre entre los tajos del Torío y del Curueño forma un valle conocido también en la zona como el de la nieve y el de Los Lobos, porque de sus bosques bajaban en tiempos no tan lejanos numerosas manadas, sobre todo en épocas de nevadas, en busca de alimento en el que fue abundante ganado de la zona.
Un valle tranquilo que esconde Aviados (a- via, descaminado), el lugar desviado de la antigua calzada romana que por allí transcurría. Y que acoge en las incomprensiblemente abandonadas ruinas del que fue uno de los principales castillos medievales de la provincia la cuna de uno de los principales linajes leoneses: el de los Guzmanes.
Las teorías de los orígenes son diversas y dispares, lo cierto es que Aviados acogió en su cresta rocosa un importante retazo de historia de León. Un «gran castillo» que formaba parte de una gran línea defensiva a lo largo de la cordillera cantábrica. Que sufrió sucesivas destrucciones y reconstrucciones, y que hoy es una ruina que se reconoció como Bien de Interés Cultural (BIC) en 2014.
Las teorías sobre los orígenes de la fortaleza son diversos, desde el conde visigodo Gundemaro en el siglo V a una herencia de los bretones, no se sabe la fecha inicial de construcción del castillo. Sí que fue destruido y reconstruido en repetidas ocasiones, residencia ocasional de la reina Urraca I de León, y en manos de los Guzmanes desde el siglo XIII.
Muchos avatares sufrió la que fue una de las principales fortalezas medievales de la montaña leonesa, que acabó definitivamente destruido por orden de Carlos I cuando acabó con la revuelta comunera, Fue un castigo a la participación de Ramiro Núñez de Guzmán, al que consideraba principal organizador y responsable del alzamiento comunero.
Las ruinas siguen visibles en lo alto de una montaña caliza, con el pueblo a los pies. Tenía tres recintos amurallados y estaba rodeado de un torreón rectangular, en la cima que hoy acoge aún sus vestigios.
Por los caminos del valle se esconden las historias de los lugares que por allí fueron: Santa Eugenia, San Pedro de Cavatuerta, Llaneces, Espinoso, Cibielles, Valdesalinas, Vardade, Crespas, Follosa, Villela,...Y el eco de aquellas primeras explotaciones mineras, Casualidad, Tomasito, Pepita, Presentación, Chomin, Capriles, Juanita,... Muchas de ellas en la zona de Aviados, que desaparecieron a mediados del siglo pasado cuando el carbón se centró en la rentabilidad.