Gradefes, por interés cultural
La localidad ofrece un interesante apartado de monumentos BIC que la convierten en un reclamo turístico de primer orden

MIGUEL ÁNGEL ZAMORA
No es fácil disponer de cuatro puntos declarados Bien de Interés Cultural en un enclave relativamente reducido. Pero Gradefes puede presumir de ello. El Monasterio de Santa María La Real, la iglesia románica de Villarmún, las ruinas del Monasterio de San Pedro de Eslonza y el Monasterio de San Miguel de Escalada
Santa María tiene de su lado la historia. Está abierto de miércoles a domingo con visitas guiadas y que para realizar visitas a los cuatro monumentos seguidos se hacen con reserva en el teléfono: 601 633 650 para mínimo siete personas.
El monasterio fue fundado en 1168 y la construcción de su iglesia comenzó el 1 de marzo de 1177, según una inscripción en el muro inferior norte. Se levantó bajo el patrocinio de la que sería su abadesa, Teresa Pérez, viuda de García Pérez, caballero a las órdenes de Alfonso VII. La primera comunidad la constituyeron monjas cistercienses provenientes del monasterio navarro de Tulebras, llegando a ser un importante y privilegiado cenobio femenino.
Es ejemplo único en España de un monasterio cisterciense femenino, por el hecho de poseer girola. En la iglesia pueden contemplarse los sepulcros con figuras yacentes de los esposos fundadores, obra de finales del XIII que estuvo policromada. En las dependencias monacales se custodian las tallas policromadas de una Virgen del XII y un Cristo gótico que formaba parte de un calvario del XIV.
Contiene valiosas esculturas siglo XII. Sepulcros siglo XIV. Virgen de las Angustias (siglo XVIi). Cálices, crucifijos y lignum crucis.
En las dependencias monacales se custodian tallas policromadas de una Virgen del XII y un Cristo gótico que formaba parte de un calvario del XIV. También se guardan vestiduras y calzado pertenecientes a la fundadora.
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Villarmún aparece citada ya en 1137 por una disputa establecida entre el monasterio anterior y el de San Isidoro de León. Consta de una única nave rectangular y un pequeño ábside, rectangular al exterior pero de herradura en el interior. Aparece cubierta con bóveda de madera en doble vertiente y la capilla del ábside con una bóveda semiesférica sin imposa de arranque. A los siglos XI y XII pertenecen los muros de la nave y el interior de la cabecera, no muy diferente a la que presenta el Monasterio de San Miguel de Escalada, y a los siglos XII y XIII la modificación de las cornisas. Es por tanto una iglesia románica realizada a partir de un modelo prerrománico.
La decoración está restringida a los capiteles del arco triunfal, donde aparece uno con hojas vueltas y otro con una arpía, un grifo y un basilisco con una presa en sus garras. En el exterior, en el ábside aparecen dieciocho canecillos donde aparece músicos, un hombre con tonel, imagenes obsenas, animales,... A la vera del río Esla, en un mágico entorno de ribera, se erigió el Monasterio de San Pedro de Eslonza, alrededor del 910 que contribuyó al esplendor artístico de la ribera del Esla. Un monasterio que esconde bajo sus ruinas, un tormentoso pasado. Esquilmado y saqueado en repetidas ocasiones, todavía se conserva de este convento prerrománico de estilo mozárabe, su fachada, la cual, fue trasladada a la iglesia de Renueva, ubicada en la capital leonesa.
El monasterio de San Pedro de Eslonza, antiguo cenobio benedictino, se convierte en uno de los monasterios más importantes del Reino de León, visitado y admirado por ilustres personajes como Jovellanos. Arrasado por Almanzor y reconstruido entre los siglos XI y XIII a instancias de Doña Urraca, prosperó durante centurias hasta que la desamortización de Mendizabal lo condenó al olvido. Un grandioso monasterio que aúna elementos mozárabes, románicos, claustro plateresco y fachadas barrocas.
Es otro de los elementos arquitectónicos que aporta valor cultural y orgullo a la ribera del Esla. Cabe mencionar el Premio a la Mejor Restauración por parte de Europa Nostra.
El Monasterio de San Miguel de Escalada fue fundado a finales del siglo IX, durante el reinado de Alfonso III, por un grupo de monjes cristianos cordobeses. Estaban dirigidos por el abad Alfonso y se asentaron sobre los restos de una iglesia visigoda consagrada al arcángel San Miguel.
En 1050 se renovó la fundación, abriéndose la puerta por la que hoy se accede al templo. Con la Desamortización, las últimas posesiones del monasterio fueron expropiadas.
En las excavaciones realizadas en 1968 aparecieron, en el subsuelo de la capilla románica, los cimientos del ábside de la primitiva iglesia visigoda.
El pórtico consta de doce arcos de herradura, siendo los siete más occidentales obra mozárabe del siglo X, los cinco restantes son un añadido posterior con capiteles de mayos tamaño.