La pasión efímera de Villacé y Villoria de Órbigo
Solo dos pueblos leoneses conservan vivos sus 'monumentos' de la Semana Santa. Son gigantescas arquitecturas efímeras hechas con lienzos pintados que cubren todo el arco del altar en sus iglesias de la Asunción y San Miguel y que datan desde el siglo XIX.

Monumento de Semana Santa de Villacé.
Hay un arte de la Semana Santa que no procesiona por las calles y dos pueblos leoneses que lo conservan como tradición más que centenariaa. Los ‘monumentos’ de Semana Santa de Villacé y Villoria de Órbigo son los únicos que se exhiben ‘vivos’ en la provincia. Son trampantojos que transforman sus iglesias durante unos breves días.
Decorados de grandes dimensiones, como si estuvieran hechos para el escenario de un teatro, que cuentan la pasión de Cristo. Los montan con cuidado y pericia los hombres y los adornan las mujeres con flores y símbolos de la cuaresma.
En Villacé no falta un detalle. Junto a calas y flores exóticas traídas de África, el gallo que cantó después de las tres veces que San Pedro negó a Jesús en la noche de su prendimiento, las monedas por las que Judas vendió a su maestro, el pan y el vino de la consagración que instaura en la última cena, el paño y la jofaina que usó Jesús para lavar los pies a sus discípulos y la corona de espinas con la que fue crucificado.
La iglesia de Nuestra Señora de La Asunción de Villacé, un templo singular de la vega del Esla, en el municipio de Villamañán, es Bien de Interés Cultural, puede visitarse estos días con la Asociación Villacé Histórico con su monumento de Semana Santa, de 1867 y es obra de ‘Tirso pintor’. Es el más antiguo y ha resistido al tiempo guardado dentro de otra joya de este templo, la capilla de San Juan, que afortunadamente ha dejado de ser almacén para dejar ver el artesonado mudéjar que la cubre y las policromías de sus paredes, tras la restauración de 2023, tantos años reclamada y esperada.
El ‘monumento’ es el protagonista de los oficios de Jueves Santo y Viernes Santo. La luz es parte de este trampantojo que desplaza el altar a una capilla lateral, lo que convierte al cura en un figura invisible. Los fieles contemplan el ‘teatro de la pasión’ iluminado por unos focos en la parte trasera que, en su origen era un dispositivo de velas que aún se conserva pero no se usa por seguridad. Por delante, las hachas de cera prendidas enfatizan la iluminación.

Monumento de Semana Santa de Villoria de Órbigo en la iglesia de San Miguel.
El monumento de Villoria de Órbigo es de 1893 y está firmado por Antonio Sastre, escultur y pintor residente en Mansilla del Páramo, siendo párroco D. Tomás San Román, tal y como consta en la trasera de uno de los lienzos. La iglesia de San Miguel de Villoria es el testigo del antiguo poblamiento del mismo nombre que junto, con San Adrián y San Mamés fueron conformando la actual población debido a las riadas.
También atestigua esta iglesia, de tiempo inmemorial, y su convento premostratense, el monasterio de la Asunción, fundado en el siglo XII, la relevancia que tuvo la villa, hoy anexionada al municipio de Villarejo de Órbigo.

Sagrario central del 'monumento' de Villoría de Órbigo.
La decoración del monumento de Villoria de Órbigo tiene motivos similares al de Villacé, lo que indica que era una moda de la época. El ecce homo ocupa la parte superior de una portada de estilo neoclásico con toques renacentistas. En la parte inferior, soldados romanos y profetas son los personajes más destacados.
El decorado queda abierto en la parte central, donde se coloca un sagrario. En Villacé tiene como fondo la escena de las mujeres llorando en la tumba de Jesucristo. En Villoria se coloca una especie de sagrario monumental en cuya base se representa la última cena.
Estos monumentos han resistido el paso del tiempo y de las modas. Son arquitecturas efímeras que desaparecen el Sábado Santo por la mañana. La iglesia, con sus retablos relucientes de dorados, vuelve a su sitio para celebrar la gloria y resurrección de Cristo.
Pero más allá del espíritu devoto, el ritual del montaje, adorno, devoción y desmonaje es uno de los de los últimos vestigios de comunidad, de labor en común, que se ven en el mundo rural. De ese hacer entre todos porque «el Estado no puede llegar a todas partes» y celebrar en común, con una limonada y unas pastas, cuando se consigue un año más armar y colgar el puzle de lienzos ensamblados con armadura de madera.

Detalle de la parte central del monumento de Villacé.
En Villacé, un hombre tiene que circular entre el techo y la cubierta —antiguamente hacía por encima del artesonado y ahora se ha habilitado un paso ex profeso— para ajustar el gancho del que cuelga el monumento. En Villoria usan unas tróculas para elevarlo y un hombre, Félix García, sube hasta la última polea para asegurar el gancho. Es un vecino ‘apegao’, como dicen por allí, pero le ha cogido gusto y ya hace más de 30 años que colabora en la faena.
El desmontaje es tanto o más espectacular que el montaje. Visitar estos pueblos mientras dure esta pasión efímera es una opción más con que cuenta la Semana Santa leonesa para quien quiera salir del bullicio procesional o ponerse a cubierto de las lluvias anunciadas. Un viaje a tierras de regadío y viñedos reverdecidos por la primavera y poblados de pájaros que anidan.