Diario de León

Casasuertes recóndito: La magia del río Cosoya

Casasuertes es uno de los pueblos del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre donde la gente escasea y abundan los paisajes mágicos por los que antaño discurrieron hechos increíbles.

El río Cosoya atraviesa Casasuertes.

El río Cosoya atraviesa Casasuertes.gaitero

Ana Gaitero

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A la entrada de Casasuertes hay unas madreñas gigantes que hacen las delicias de los urbanitas. Se meten en ellas con alborozo. Es posible que alguno sienta que viaja en el tiempo y pueda ver el pueblo que fue cuando este calzado artesanal era el abrigo y protector de los pies de los habitantes de la montaña. En invierno, para transitar calles de barro y nieve y todo el año para andar por las cuadras.

Casasuertes es un pueblo del municipio de Burón, en el parque regional Montaña de Riaño y Mampodres, sin monumentos pero rodeado de maravillas naturales como el fantástico hayedo de Los Tornos al que solo se puede llegar por estrechas veredas. Por donde hay una cueva en la que cuentan que se refugió una oveja perdida de su rebaño y sobrevivió al invierno.

La Peña Mayor, uno de los monumentos naturales de Casasuertes.

La Peña Mayor, uno de los monumentos naturales de Casasuertes.GAITERO

Los monumentos de Casasuertes son sus peñas de nombres tan simples como descriptivos. Peña La Entrada, Peña Mayor, Peña Almedio, Peña Chica. Donde antaño llegaron a vivir a 25 familias, todas numerosas salvo tal vez dos, que vivían de la ganadería y la agricultura de subsistencia. «Teníamos nuestra vacas, cabras y ovejas. En invierno las recogíamos y en verano las echábamos al monte», recuerda Melchor Reyero.

Ahora ya no queda nadie en invierno, ni siquiera las dos ganaderías que aprovechan los pastos en el buen tiempo. En verano, es un pueblo lleno de gente en el que las viejas costumbres del concejo y la vida comunal se mantiene viva a través de la Asociación Cultural Río Cosoya, que cumple 41 años de historia.

Contemplar las peñas desde el banco de Casasuertes, uno de los placeres.

Contemplar las peñas desde el banco de Casasuertes, uno de los placeres.GAITERO

En aquellos tiempos que no se pueden recordar subidos a unas galochas gigantes «había unión comunal para arreglar caminos, cuidar el ganado... Por cada vaca que tenías te tocaba cuidar el ganado del pueblo un día, y por cada cuatro cabras o cuatro ovejas te tocaba también cuidar un día». Recuerda este antiguo vecino que, en los años 80, cuando se atisbaba el despoblamiento invernal y el veraneo se hacía costumbre para los emigrantes, impulsó la creación de la asociación que sigue viva y coleando por las nuevas generaciones.

Los vecinos encargados de la vecera o la vela «salían pronto por la mañana y volvían cuando bajaba el sol, nunca de noche». Eran tiempos en los que se hacía el pan en casa, con hurmiento que se iba pasando de casa en casa para amasar. Melchor Reyero recuerda que «salvo pequeñas rencillas que se gritaban a voces en el concejo y se olvidaban al terminar el concejo», Casasuertes era un «pueblo pacífico».

El inicio de la Senda Mágica está señalizada con piezas de ganchillo hechas en el pueblo.

El inicio de la Senda Mágica está señalizada con piezas de ganchillo hechas en el pueblo.GAITERO

Casasuertes fue un pueblo sin suerte. Cuando se empezó el pantano de Riaño, el pueblo quedó fuera de la cota. Pero sus medios de vida quedaron menguados y el pueblo apartado. La gente voló con el progreso y el resquemor de haber sido despojados de todo a cambio de nada.

El pueblo supo cicatrizar heridas y con el tiempo los vecinos que se fueron volvieron para arreglar casas y tener un refugio de verano, donde el aire acondicionado es la montaña y y las antiguas Covachinas del río Orza la playa. En su Adn está la sangre de aquellos que, cuando nevaba, salían a  depalar nieve. «Los chicos hacíamos una senda para patinar. Los vecinos, para comprar, bajaban hasta el puente de Cuénabres, las mujeres con un varal largo y los hombres con dos», recuerda Melchor Reyero.

Las escuelas se convirtieron en salón de cultura y su terraza en escenario natural para los conciertos de verano. En Casasuertes cada vecino, cada verano, aporta algo de su conocimiento y saber hacer para compartir.

El caserío se ha recuperado y ofrece una vista amable entre el paisaje.

El caserío se ha recuperado y ofrece una vista amable entre el paisaje.GAITERO

Agosto, cuando ya las alzameriendas o espantapastores florecen sobre sus prados, es el mes del encuentro intergeneracional e interterritorial. Llegan almas de Casasuertes de todas las edades y de todas partes. También algún foráneo que encontró en este rincón del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre un lugar para descansar (y más habría si el 5G, la magia de la internet, llegara un día hasta estos confines).

La senda mágica, señalizada con labores de ganchillo desde el área recreativa de La Poza, es una de las rutas de esparcimiento para paseos inmersivos en la salvaje naturaleza. «Unos, los más deportistas, van a la montaña y otros hacen el paseo camino arriba hasta los praos». 'Prao Mayor' era el valle con los mejores praos de Casasuertes, se regaba con el arroyo de Serrón. 

Otros, simplemente van a la fuente de las Argayadas a por agua.

La vieja escuela es casa de cultura y escenario para la música de verano.

La vieja escuela es casa de cultura y escenario para la música de verano.GAITERO

Por donde subían las ovejas merinas trashumantes de Extremadura a los puertos de Misión, Las Hazas, Valcarque y Cebolleda, por donde bajaban osos y lobos... Ahora se ven los rebecos a doscientos metros del pueblo y muchos contemplan los recuerdos desde el banco que mira a Peña Mayor. Y se acuerdan, como Melchor Reyero, de cuando un otoño fue motril con dos pastores, uno amable y el otro no tanto; y aprendió a hacer las sopas por ensayo y error. O de cuando bajaba el oso con la luna nueva y espantaba a las ovejas del corral hecho con escobas y ladraban los mastines... Es el recóndito Casasuertes y la magia del Río Cosoya.

Las alzameriendas o espantapastores florecen a primeros de agosto.

Las alzameriendas o espantapastores florecen a primeros de agosto.GAITERO

Las madreñas gigantes de Casasuertes junto al molino que dio la primera luz al pueblo.

Las madreñas gigantes de Casasuertes junto al molino que dio la primera luz al pueblo.A. C. RÍO COSOYA

El banco de Casasuertes para contemplar el paisaje que antaño era lugar de trabajo.

El banco de Casasuertes para contemplar el paisaje que antaño era lugar de trabajo.A. C. RÍO COSOYA

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