Diario de León

Los territorios de frontera de León

La iberidad se fragua en el Viejo Reino y persevera a pesar de los intentos de difuminar sus huellas. La Raya es un viaje que borra las fronteras entre España y Portugal

Imagen de la ciudadela de Braganza

Imagen de la ciudadela de BraganzaPIXABAI

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C. F. A. 
LEÓN

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La cultura ha hecho visible lo que la política y la economía han tratado de oscurecer. La Raya, un territorio de 1.292 kilómetros, es la evidencia más clara de que León existe mucho más allá de las meras fronteras provinciales en las que el poder siempre han tratado de encerrarle. Su existencia, difusa entre las conveniencias administrativas, ha sido revelada por numerosos escritores e historiadores que demuestran en sus obras que este ecuador no es más que el intento de borrar la historia. Desde Pierre Gonnord, que inmortalizó con sus imágenes al pueblo exiliado desde hace siglos que lucha por su supervivencia frente a la globalización (un grupo nómada que vive a caballo entre España y Portugal y recoge la herencia mestiza de las diferentes razas que poblaron la península ibérica), hasta Julio Llamazares con su Trás-os-Montes, la obra con la que el escritor devuelve al primer plano «pueblos pobres, pequeños; viejas aldeas de piedra perdidas entre los montes y rodeadas de algún castaño y algún campo de centeno», son numerosos los creadores que han hecho suyo el territorio de esta linde entre España y Portugal, Reino de León que es en realidad el germen de la tan cacareada iberidad.

Es el caso de José Ramón Alonso de la Torre, que recorrió la frontera en Un viaje por la Raya, narrando y dibujando esta línea para mostrarla como un puente cultural más que como una separación, descubriendo las riquezas de los pueblos en sus bordes. La Raya comenzó a trazarse formalmente en 1267 con el Tratado de Badajoz, pero se fijó de manera definitiva en 1926 mediante el Convenio de Límites, que reconoció el trazado que se extendía desde el río Miño hasta el río Guadiana y se ha consolidado como la frontera más antigua de Europa, caracterizada más por la unión cultural que por la separación política, con una historia de cooperación rural. Atraviesa las regiones españolas de León, Extremadura y Andalucía, y las regiones portuguesas de Trás-os-Montes, Beira y el Alentejo. Antes, todo era Reino de León, imperio, esa protoespaña que —con Portugal— dio origen a un modo de entender la libertad que dio a los dos países de la península su mejor presente.

El mejor ejemplo de lo difusa que sigue siendo esta línea lo tenemos en Zamora. Se trata de Rihonor, en español, y Río de Onor en portugués si bien sus habitantes, que consideran que viven en un solo pueblo, prefieren llamar a la parte portuguesa povo de abaixo (pueblo de abajo) y a la española povo de cima (pueblo de arriba).

Está situado al norte de la Sierra de la Culebra, junto a la frontera portuguesa, el caserío es atravesado por el río Fontano, también conocido como Comtensa o río Onor en su tramo portugués.? Dista 14 kilómetros de la capital comarcal, 21 de la capital de su municipio y 22 kilómetros de Braganza.

Entre los grandes espacios de La Raya destacan Marvao, una inexpugnable villa atalaya con vistas espectaculares sobre la frontera, o Castelo de Vide, la joya del Alentejo con restos romanos y una de las juderías más importantes de Portugal. Trevejo, en Cáceres, y Alburquerque en Badajoz, junto con Fermoselle con sus bodegas, pero también el castillo de Ciudad Rodrigo así como los paisajes naturales del Parque Nacional de Montesinho el de la Sierra de San Mamede, famosa por sus cascadas y su imponente naturaleza.

Puebla de Sanabria y Braganza son sin duda dos de las principales poblaciones arrayanas. Puebla de Sanabria se encuentra a orillas del río Tera, en el centro del valle entre los caminos a Verín y Zamora, Braganza y La Bañeza. Poblada en la antigüedad por celtas, suevos y visigodos, permaneció casi aislada durante los primeros siglos de la Reconquista hasta la fundación del monasterio de San Martín de Castañeda. Uno de sus mayores atractivos es el Castillo de los Condes de Benavente, del siglo XV. Reconocida como Conjunto Histórico Artístico, la villa aún conserva buena parte de las murallas que protegían la población. Braganza, por su parte, es otra joya medieval digna de ser visitada. Entre sus tesoros destaca la Praça da Sé, que acoge la antigua catedral, y su ciudadela, que esconde en su interior el castillo de Braganza.

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