Diario de León

León, a punto de nieve

San Isidro, Leitariegos y Fuentes de Invierno no son estaciones; son tres maneras distintas de vivir el invierno donde el viaje empieza cuando las montañas se visten de blanco

Publicado por
C. F. A.
LEÓN

Creado:

Actualizado:

Si todo sale según lo esperado, este lunes abrirán sus remontes las estaciones de esquí de la provincia y dará comienzo uno de los años más tempranos para el esquí. Y es que la Cordillera Cantábrica, el invierno se convierte en una invitación permanente. Allí, tres estaciones —San Isidro, Valle Laciana-Leitariegos y Fuentes de Invierno— componen un triángulo perfecto para amantes del esquí, escapistas de fin de semana o viajeros que buscan algo más que bajar una pista: buscan una historia, un paisaje, una experiencia.

Tras ascender por las carreteras que serpentean entre montañas, San Isidro aparece imponente, con sus cuatro sectores extendiéndose como brazos que reciben al viajero. Aquí el día empieza con un rumor: el de los remontes despertando y las primeras tablas marcando la nieve todavía fría.

San Isidro es, ante todo, variedad: pistas anchas en Cebolledo para calentar piernas, descensos exigentes en Requejines para los que buscan adrenalina, panorámicas abiertas en Riopinos y el ambiente clásico de Salencias. Todo ello bañado por la luz limpia de montaña y una oferta de servicios que hace fácil la vida del esquiador: alquiler, escuela, cafeterías y refugios donde los platos calientes saben a gloria tras una jornada intensa.

Los grupos encuentran aquí su paraíso: padres, hijos, amigos de distintos niveles… todos tienen su espacio. Y cuando la nieve es generosa, San Isidro vive sus mejores días: pistas largas, desniveles continuos y el silencio mágico que aparece cuando llegas al alto de un telesilla y el viento es lo único que se oye.

A una hora larga al oeste, en la comarca de Laciana, la montaña cambia de carácter. El paisaje se vuelve más recogido, las laderas parecen abrazar al viajero y el ritmo se serena. Leitariegos no necesita competir: tiene personalidad propia.

Quien llega aquí suele buscar tranquilidad. Las pistas son menos numerosas, sí, pero suficientes para principiantes, familias o quienes desean un día sin prisas. Los árboles acompañan gran parte de los recorridos y el ambiente es cercano, casi familiar: instructores que conocen a los niños por su nombre, esquiadores que se saludan al cruzarse, cafeterías donde el vapor del chocolate caliente empaña los cristales.

En días de sol, Leitariegos ofrece una estampa memorable: montañas suaves dibujadas contra un cielo azul y un silencio que solo rompe la risa de quienes aprenden a deslizarse por primera vez. Es la estación perfecta para redescubrir el esquí sin estrés. Al cruzar el Puerto de San Isidro y dejar atrás la vertiente leonesa, el verde asturiano aparece incluso en pleno invierno. Allí, encajada en un valle precioso y montañoso, Fuentes de Invierno surge como la estación moderna de la zona: compacta, cuidada, con remontes rápidos y pistas que sorprenden por su desnivel. Su diseño es inteligente: desde la zona baja, los telesillas despliegan a los esquiadores hacia varias laderas que mezclan pistas suaves con otras rojas y negras que se precipitan por tuberías naturales. Es una estación pequeña pero intensa, perfecta para esquiadores de nivel medio y alto que quieran exprimir el día sin perder tiempo en largos enlaces. Pero Fuentes tiene también algo más: ese aire asturiano que se cuela en el espíritu del viaje. A media tarde, cuando el cansancio aprieta, nada sienta mejor que bajar al valle y recuperar fuerzas con una fabada, un cachopo o un buen vaso de sidra. Es esquiar, sí, pero también vivir. Viajar entre estas tres estaciones es entender que la nieve no es igual en todas partes. San Isidro es la amplitud, el movimiento constante, la mezcla de niveles y expectativas. Leitariegos es pausa, cercanía, aprendizaje. Fuentes de Invierno es técnica, agilidad y sabor asturiano. Para el viajero invernal, combinarlas es casi un deber: un fin de semana largo permite disfrutar de dos, una escapada completa permite conocer las tres. Y cada una aporta una mirada diferente sobre la montaña. Porque al final, más allá de los kilómetros esquiables o las cotas, lo que queda en la memoria es otra cosa: el olor de la nieve recién pisada, la sensación de quitarse los guantes al sol, el eco del viento en los telesillas, y esa mezcla de cansancio y felicidad que solo entiende quien ha pasado un día en la nieve.

tracking