Diario de León

Valdelugueros crea dos nuevas rutas en La Vega del Curuñón

Dos nuevas rutas se suman a la propuesta turística del valle, que tiene en el Valle de Cacabillo y las fuentes del Curueño dos propuestas de encanto innegable para los amigos de la montaña en unan época ideal para practicar el senderismo en la provincia de León

Miguel Ángel Zamora

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En pleno corazón de la Montaña Central Leonesa, la biosfera ofrece una serie de posibilidades más que interesantes. La Vega del Curuñón ofrece dos nuevas rutas que se inician desde Redipuertas. Una es la del Valle de Cacabillo y otra la Fuente del Curueño.

Esta última es muy sencilla y transcurre de forma completa por pistas de escaso desnivel. Ruta sencilla que transcurre enteramente por pistas de escaso desnivel. Al dejar el recorrido inicial compartido con la ruta del Valle de Cacabillo se adentra en la Vega del Curuñón, donde contemplar el curso inicial del río Curueño y el arroyo de Repinos. Este camino discurre por zonas de pasto, a los pies de la Peña La Carva y el arroyo del Salto. En los últimos compases de la ruta se podrá ver el pontón de Francamuerta, uno de los puentes de origen medieval que se distribuyen a lo largo de todo el valle del Curueño. Durante las crecidas del rio se debe tomar el regreso alternativo por la carretera a Redipuertas.

La primera es una ruta con mayor desnivel y distancia que la anterior, además de contar con un tramo que se realizará sobre sendero y prados. Tras compartir los primeros metros con la ruta de las «Fuentes del Curueño», se inicia el mayor desnivel del recorrido, atravesando el valle de Cacabillo, las faldas de los altos de Peñanevares y el Cueto de Cerulleda. En el último tramo de la ruta, y muy cerca de Cerulleda, se tomará el antiguo camino que unia esta localidad con Redipuertas.

El río Curueño apenas se intuye en el paisaje gracias a la vegetación que lo acompaña. Sus aguas limpias y frescas son hábitat idóneo de la trucha, lo que favorece una numerosa afluencia de pescadores durante la temporada, que con la colaboración de guías de pesca locales completan un lance inolvidable. Por encima de Valdepiélago el río se encañona para atravesar las hoces de Nocedo y las de Valdeteja. Paredes verticales de caliza muestran la implacable acción del agua sobre la roca durante miles de años. Son formaciones que imponen condiciones implacables a la vida, por lo que las plantas y animales que aquí viven, presentan un alto grado de especialización y numerosas adaptaciones que les permiten sobrevivir.

El Curueño en todo su recorrido es pura canción, una sinfonía de alegres trinos y un constante murmullo de chorreras y corrientes, donde los tonos azules de sus aguas se convierten en verdes y la transparencia en espejo, y todo enmarcado en un cuadro de atrayentes y desbordantes paisajes que dan a este río un carácter único.

Aquí se respira aire puro y fresco de la montaña. En este lugar huele a trucha y a hierba recién cortada. Es una zona ideal para el pescador y disfruta de toda la grandeza que el deporte de la pesca puede ofrecer al pescador.

Lugueros es la capital del municipio de Valdelugueros, históricamente integrado en la montaña de Los Argüellos, un amplio territorio que los romanos denominaron Arbolio, quizá en alusión a su frondosa vegetación. A ellos se debe una intrincada red de calzadas que cruzaban la Cordillera por diversos puntos y que aquí se conocen gracias al notable conjunto de puentes que se ha conservado, alguno de ellos en parajes realmente evocadores.

Casas blasonadas y escudos embellecen algunas fachadas y dan cuenta de un pasado de esplendor. Numerosas historias y leyendas, como la de la Dama de Arintero, atestiguan la nobleza de sus gentes. Recónditos hayedos ocupan vaguadas frescas en las laderas, siempre buscando la humedad que ofrece el norte. Estamos en el León atlántico. Más allá de Lugueros, Cerulleda y Redipuertas son los últimos pueblos del valle antes de acceder al puerto de Vegarada. Destino estival de rebaños trashumantes, hoy es también uno de los accesos a la estación de esquí de San Isidro, por la zona de Riopinos.

El puerto es imponente, con altivas cumbres que se despeñan sobre amplias camperas de pasto surcadas por arroyos meandriformes. Tras el deshielo, las camperas se llenan de flores de vistosos colores con las que atraen a los insectos polinizadores; deben completar su ciclo biológico en apenas unas semanas. En las lagunas estacionales viven ranas y otros anfibios como los tritones. Son auténticos reservorios de vida en la montaña.

Vegarada merece un paseo tranquilo para disfrutar de los imponentes paisajes y de la frescura del aire de la montaña; Cerca están Genicera, Lavandera, Pedrosa y Valverdín. La carretera llega al valle del Torío y al cruce con la otra que transita por él. También se puede visitar Cármenes, con sus rincones incomparables y todo tipo de servicios turísticos; pero merece subir hasta Piedrafita para descubrir algunos pueblos acantonados en la montaña o seguir a pie el trazado de la antigua calzada del puerto de Piedrafita.

El Curueño es especial. Quizás la presencia constante de la piedra caliza y las huellas perpetuas de las glaciaciones, tal vez el conjunto de puentes romanos y medievales que componen una de las imágenes más conocidas y admiradas de este río, o quizás sus bravas y finas truchas. Lo cierto es que el turista disfruta en plena naturaleza, lejos del mundanal ruido de las ciudades.

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