Un paseo por el tiempo en el valle de Luna
Con la ganadería como fuente principal de su economía, Sena se abre al turismo para dar a conocer el potencial de un territorio privilegiado que ofrece una primavera espectacular

Paraje de Sena de Luna, a pocos kilómetros de la AP-66
vanessa araujo
El municipio de Sena de Luna se erige como una de las joyas septentrionales de la provincia de León, limitando al norte con el concejo asturiano de Pola de Lena y rodeado por las comarcas de la Tercia, Riello, San Emiliano y Barrios de Luna. Su geografía, que abarca más de 12.500 hectáreas, está profundamente marcada por el cauce del río Luna. Este río recorre 20 kilómetros antes de entregar sus aguas al embalse de Los Barrios de Luna, recibiendo por el camino el aporte de afluentes como el Láncara, el Caldas, el Aralla y el río de Abelgas, este último vital para el aprovechamiento hidroeléctrico de la zona.
La identidad actual del municipio se reparte entre ocho núcleos poblacionales: Abelgas de Luna, Aralla de Luna, Caldas de Luna, Pobladura de Luna, Rabanal de Luna, Robledo de Caldas, Sena de Luna y La Vega de Robledo. Al estar integrado en la Reserva de la Biosfera Omaña-Luna, el territorio ofrece un entorno natural privilegiado donde el visitante puede disfrutar de una variada oferta de restauración y actividades al aire libre. A pesar de su ubicación montañosa, que tradicionalmente favoreció el aislamiento, hoy goza de excelentes comunicaciones gracias a la autopista Ruta de la Plata, su principal vía de acceso.
La historia reciente de la comarca está indisolublemente ligada a la construcción del embalse en 1956. Antiguamente, el ayuntamiento residía en Láncara de Luna, pero el anegamiento de siete localidades —entre ellas Arévalo, Campo de Luna y la propia Láncara— obligó a trasladar la sede municipal a Sena de Luna. Este cambio radical no solo sumergió pueblos y ventas bajo las aguas, sino que transformó la economía local. La ganadería vacuna y la cría de oveja merina, que fueron el motor económico durante siglos, han dado paso en la actualidad a un pujante sector turístico que busca el descanso a orillas del río.

Iglesia de Sena de Luna
El senderismo es una de las mejores formas de descubrir los tesoros naturales que han sobrevivido al paso del tiempo. La Ruta de las Brañas de Caldas, por ejemplo, permite recorrer bosques de haya y roble que resistieron siglos de uso ganadero, ofreciendo vistas espectaculares de las cumbres que dividen las comarcas de Luna y Arbas. Por otro lado, la Ruta del Cordel de Merinas parte de Abelgas de Luna para conectar con la Cañada Real Leonesa. Este camino, que todavía es testigo del paso de ganado trashumante, atraviesa paisajes de gran valor histórico y ecológico entre centrales hidroeléctricas y restos de arquitectura tradicional.
Para completar su oferta, el municipio ha apostado por el turismo activo y de salud. Localidades como Pobladura, Rabanal y Sena cuentan con áreas de escalada destinadas a atraer a un público joven y dinámico. Mientras tanto, el patrimonio construido ofrece rincones de gran belleza, como la ermita de Pruneda o las ruinas de la casona de los Condes de Nava. En Caldas de Luna, el visitante puede encontrar un célebre balneario de principios del siglo XX, que sigue siendo el emblema del bienestar y la paz que definen a este rincón de la montaña leonesa.
Más allá de su riqueza paisajística, Sena de Luna guarda en sus raíces un profundo sentido de comunidad que se manifiesta en sus tradiciones y festividades. La vida en estas pedanías sigue el ritmo de las estaciones, celebrando con orgullo ferias y encuentros que rinden homenaje a su pasado pastoril. El visitante no solo encontrará un lugar de paso, sino un refugio donde la hospitalidad de sus habitantes y la gastronomía local —basada en productos de la montaña como los embutidos artesanales y los guisos tradicionales— ofrecen una experiencia sensorial completa, capaz de conectar al viajero con la esencia más pura de la cultura leonesa.
Finalmente, el compromiso del municipio con la preservación de su entorno asegura que cada rincón conserve su magia para las generaciones futuras. La integración en la Red Natura 2000 y el cuidado de sus ecosistemas fluviales han convertido a Sena de Luna en un laboratorio vivo de biodiversidad, donde es posible avistar especies emblemáticas de la fauna cantábrica en un entorno de respeto absoluto. Este territorio se confirma como un destino imprescindible para quienes valoran la naturaleza.