León se cubre de flores
Alfombras vegetales, danzantes, paloteos y procesiones mantienen viva en los pueblos de la provincia una de las celebraciones religiosas y populares más arraigadas, el Corpus Christi

ángelópez
maría carnero
La provincia de León vuelve a prepararse para celebrar una de sus tradiciones más antiguas, vistosas y profundamente arraigadas: el Corpus Christi. Aunque la festividad tiene una marcada esencia religiosa, ligada a la exaltación de la Eucaristía y a la procesión del Santísimo Sacramento por las calles de cada localidad, el paso de los siglos ha convertido esta cita en una auténtica manifestación de identidad popular, donde se mezclan devoción, patrimonio, folklore y participación vecinal.
La solemnidad del Corpus Christi se celebra el jueves —o el domingo posterior— siguiente a Pentecostés y tiene como eje central la presencia de la Eucaristía. En la provincia leonesa, esta festividad continúa conservando un enorme arraigo social y religioso, especialmente en las pequeñas localidades, donde los vecinos mantienen tradiciones transmitidas de generación en generación.
Puede decirse que, de una manera u otra, prácticamente todos los pueblos leoneses celebran esta fecha, convirtiéndola en uno de los días más especiales y festivos del año. La jornada central será el próximo 8 de junio, cuando numerosas localidades amanecerán adornadas con flores, ramas, tomillo y altares efímeros preparados para recibir el paso de la custodia.
En esta celebración tienen además un protagonismo muy especial los niños y niñas que han recibido este año la Primera Comunión. Vestidos con sus trajes ceremoniales, participan activamente en la procesión acompañando al Santísimo Sacramento o formando parte del cortejo religioso junto a cofradías y hermandades. En muchas localidades, las niñas mantienen la tradición de lanzar pétalos de flores al paso de la custodia, creando coloridas alfombras vegetales que simbolizan respeto, pureza y devoción. También es habitual que los pequeños reciban una bendición especial durante la ceremonia, reforzando así el compromiso sacramental adquirido semanas antes.
Las ciudades de Astorga, Ponferrada, Villafranca del Bierzo y León celebran algunas de las procesiones más vistosas de la provincia, aunque en la capital leonesa adquiere especial relevancia el conocido como «Corpus Chico», celebrado durante la Octava y que conserva una enorme tradición popular y religiosa.
En muchos municipios, los actos litúrgicos se completan además con fiestas populares, verbenas y manifestaciones folklóricas que atraen cada año a cientos de visitantes. Ocurre en localidades como Fabero, Noceda del Bierzo, Pobladura de Pelayo García, Villarejo de Órbigo, Fresno de la Vega, San Andrés del Rabanedo o Villaquilambre. En Pobladura de Pelayo García, por ejemplo, siguen siendo célebres los danzantes que acompañan al Santísimo durante la víspera, en una tradición que hunde sus raíces en siglos pasados.
Una de las costumbres más características del Corpus leonés es la de «enramar» las calles por las que discurrirá la procesión. Se trata de una práctica posiblemente heredada de antiguos ritos de primavera y fertilidad, y que todavía pervive en numerosos pueblos. Ramas de chopo, hierbas aromáticas y pétalos cubren el suelo para crear un recorrido solemne y festivo al mismo tiempo.
Esta tradición continúa viva en localidades como San Justo de la Vega, Ariego de Arriba, Garueña, Salce, Villaobispo de las Regueras —en el tradicional Corpus de la Octava de Villa de Soto—, Finolledo o Matallana de Valmadrigal.
También destacan celebraciones más sencillas pero cargadas de singularidad y emoción popular. En Villafer, durante el llamado «Día del Señor», los niños nacidos a lo largo del año son colocados en pequeños altares para recibir la bendición del Santísimo a su paso, mientras que en Sanfelismo se mantiene la tradición del ofrecimiento de un ramo al Sagrado Corazón.
Pero si existe una celebración que sobresale entre todas por su espectacularidad y simbolismo, esa es la del Corpus de Laguna de Negrillos, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional y Provincial. Su origen podría encontrarse en los antiguos autos sacramentales y toda la ceremonia posee un marcado carácter teatral.
La procesión parte de la iglesia de San Juan Bautista encabezada por la figura de San Sebastián, un personaje enigmático vestido como un general napoleónico, con el rostro cubierto por una máscara y un caminar arrogante y desafiante. Tras él avanzan la cruz parroquial, las imágenes religiosas, los jóvenes vestidos de apóstoles y, finalmente, el Santísimo bajo palio, acompañado por los famosos danzantes de la villa, vestidos de blanco, que ejecutan sus tradicionales «lazos» y «paloteos».
La escena culmina cuando, al regreso de la procesión, San Sebastián se descubre el rostro ante el Santísimo, realiza una profunda reverencia y huye corriendo, poniendo fin a una representación única en España y que cada año congrega a vecinos y visitantes llegados de otros lugares.