Diario de León

Cabrillanes: El lujo de sentirse en Babia

El municipio babiano, balcón privilegiado para el eclipse, preserva el legado de un territorio mítico bendecido por la naturaleza y las costumbres de sus habitantes

El paisaje es la seña de identidad del municipio de Cabrillanes.

El paisaje es la seña de identidad del municipio de Cabrillanes.Ángelopez

Álvaro Caballero
León

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Babia no es un estado, sino un sentimiento. Hay que ir a buscarlo Luna arriba, por los canales afilados en los que se escucha el eco milenario de las esquilas de las merinas. Por esas sendas que definió el trasiego de los rebaños desmelenados de la Mesta, donde el cabeceo condescendiente de los hispano bretones remite a aquel potro del Moriscal que se convirtió en el caballo del Cid, se halla el paraíso mítico que unas leyendas atribuyen al abandono de recreo de los reyes de León y otros a la melancolía de los pastores cuando trashumaban a Extremadura. Todos querían estar ante esas camperas inmensas que se abren como artesas. Si van, lo entenderán. Mejor que nunca este verano que se ha puesto de moda el firmamento con la excusa del eclipse del 12 de agosto. Sólo tienen que asomarse a Cabrillanes para abismarse ante el espectáculo de encontrar volcado el cielo en la tierra.

La oportunidad de estar en Babia la brinda este municipio en el que se arraciman 14 pueblos: Cabrillanes, Huergas de Babia, Lago de Babia, Mena, Meroy, Las Murias, Peñalba de Cilleros, Piedrafita de Babia, Quintanilla de Babia, La Riera, San Félix de Arce, Torre de Babia, La Vega de los Viejos y La Cueta, donde se tiende la linde del cordal antes de cruzar a Asturias. Si tienen prisa, la perderán cuando se atrevan a pasear por sus callejas, disfrutar de sus casas de piedra y gozar del privilegio de compartir la vida cotidiana de los vecinos que conservan el legado de sus ancestros, asentado en el aprovechamiento del ganado y los recursos sin atentar contra el medio que los proporciona.

El valor de esta Babia de Suso, como se conocía a la parte alta de la Badavia que coincide con Cabrillanes, lo blasonan su protección ambiental como parque natural y reserva de la Biosfera, concedida desde 2004 por la Unesco, y su inclusión en las zonas LIC, Zepa y Red Natura. Los títulos, a los que se une su inclusión como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (Sipam), concedido por la FAO, se disfrutan en sus extensos pastizales de montaña, donde se apacienta el ganado caballar, ovino y vacuno, y en las monumentales crestas y formaciones geológicas que se reparten por el municipio, como la sima del puente de las Palomas, donde asombrarse con la captura fluvial del río Sil sobre la cabecera del antiguo río Luna.

Cualuqier espacio es bueno para posar la vista en la Babia de Suso.

Cualuqier espacio es bueno para posar la vista en la Babia de Suso.Ángelopez

Las postales se arraman por todo Cabrillanes para deleite de los coleccionistas. Amén de las praderas que esta primavera crecen con el vicio del sol que sigue al agua, el mapa de la Babia de Suso regala un catálogo de instantánea en las que apreciar los pliegues con los que el río Sil ha cincelado el valle de La Cueta, las lagunas de La Mata que remiten a la última glaciación, como el complejo morrénico de Torre de Babia, o el escondite de la cueva de la Muxina, en Quintanilla.

No hay como perderse para ganar siempre en esta Babia de Suso en la que entregar las huellas al azar o seguir las indicaciones de las rutas marcadas, como las de la laguna de Las Verdes, las fuentes del Sil, La Fonfría, el camino Real de Pregame, la laguna Grande, las lagunas de La Mata, Las Malvosinas y Veiga Chache. El plano de Cabrillanes conduce a todas ellas y más. Los aficionados a abandonar un paso tras otro, sin prisa, para gozar de la naturaleza descubren en el paisaje la seña de identidad de este municipio babiano, heredero de la cultura y las tradiciones de un pueblo donde las costumbres se preservan con el mimo que adeuda la entrega de generación en generación.

El ganado vacuno, como el caballar y el ovino, campa por laos pastizales de Babia.

El ganado vacuno, como el caballar y el ovino, campa por laos pastizales de Babia.Ángelopez

El patrimonio se exhibe en la fidelidad de los babianos a los ritos que aprendieron de sus mayores. Este legado encunetra acomodo en las fechas del calendario ligado a las estaciones, los usos agrícolas y ganaderos, además de las fiestas que sirven de excusa para el encuentro. Cada uno de sus pueblos cuenta con la propia, pregonada de memoria por los jóvenes que peregrinan a todas, pero la agenda guarda entre en las que colabora la Diputación y en las que además se concita la memoria colectiva: la fiesta de Cabrillanes, el 2 de agosto, en la que se rememora la herencia minera con el concurso nacional de entibadores; la romería de la virgen de Carrasconte, el 14 de agosto, declarada Bien de Interés Turístico Provincial; y el concurso de raza Asturiana de los Valles, que cita a más de un centenar de cabezas de ganado vacuno y luego se amplía con el resto de una feria que se extenderá este año desde el 18 hasta el 20 de septiembre.

La invitación a no perderse ninguna de las citas la redobla Cabrillanes con la gracia de su ubicación en el mapa. En el verano del eclipse, que se ha convertido en el recurso turístico más llamativo de 2026, la localización del municipio babiano avala su oferta como enclave privilegiado desde el que apreciar mejor un fenómeno astronómico histórico. El listado de atalayas en las embelesarse con la observación del momento en el que, a última hora de la tarde, la luna oculte por completo al sol, se multiplica por toda la Babia de Suso. Cada balcón asomado a poniente invita a abandonarse a los casi dos minutos que durará el primer evento de estas características visible en la península en más de un siglo.

La iglesia de La Cueta.

La iglesia de La Cueta.Ángelopez

La pena de la fugacidad del eclipse se disipará en Cabrillanes con la noche. No hay que quitar la vista del firmamento babiano, declarado parque estelar por su ubicación y conservación como espacio excepcional para el disfrute de los astros. Nunca se cansa la vista de posarse, ni cuando se marcha uno. El destino de Babia es volver.

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