San Juan prende la magia
La capital y más de sesenta pueblos de la provincia organizan el día 23 hogueras y festejos que hunden sus raíces en antiguos ritos del solsticio de verano

Una de las hogueras de la Niche de San Juan.
Hay fiestas que forman parte del calendario y otras que parecen formar parte de la identidad de un territorio. En la provincia de León, la noche de San Juan pertenece a este segundo grupo. La llegada del 23 de junio vuelve a encender decenas de hogueras en la capital y en buena parte de los pueblos leoneses, donde se mantiene una de las tradiciones populares más antiguas y extendidas de Europa.
Si en muchos lugares de España la celebración se concentra en las playas, en León el protagonismo es para las plazas, los barrios y los espacios públicos en los que vecinos y visitantes se reúnen alrededor del fuego. La provincia conserva un arraigo especial de esta festividad y son más de sesenta las localidades que celebran a San Juan como patrón, manteniendo un legado que ha pasado de generación en generación.

El público contempla casi hipnotizado el fuego mientras pide sus deseos frente a las hogueras.
Toreno, Folgoso de la Ribera, Sosas de Laciana, Murias de Paredes, Garrafe, Santa María de Ordás, Hospital de Órbigo o Valdefuentes del Páramo son solo algunos de los municipios donde estas jornadas se convierten en el eje de la vida social. A ellos se suma la ciudad de León, que encuentra en San Juan y San Pedro sus fiestas más importantes y que ha transformado la tradicional hoguera en un gran espectáculo de fuegos artificiales y actividades festivas.
La noche de San Juan está considerada, desde tiempos remotos, como la noche mágica por excelencia. Coincide con el solsticio de verano, el momento en el que el sol alcanza su máxima altura en el hemisferio norte y los días son más largos. Mucho antes de la expansión del cristianismo, los pueblos europeos ya encendían grandes fuegos para simbolizar la fuerza del sol y para protegerse de los malos espíritus y de las desgracias.

Público en una hoguera de San Juan.
Aquellas antiguas ceremonias vinculadas a la naturaleza fueron incorporándose con el paso de los siglos a la tradición cristiana. La Iglesia las relacionó con el nacimiento de San Juan Bautista, celebrado el 24 de junio, dando lugar a una de las festividades religiosas y populares con mayor implantación en el país.
Pese a esa evolución histórica, muchos de los ritos han llegado prácticamente intactos hasta nuestros días. Saltar la hoguera, quemar en el fuego aquello que simboliza una etapa que se quiere dejar atrás o reunirse en torno a las brasas siguen siendo costumbres habituales. En las zonas costeras se mantienen además otros rituales, como bañarse en el mar a medianoche o lavarse el rostro con agua salada como símbolo de salud y buena fortuna.
España cuenta con algunas de las celebraciones de San Juan más conocidas del mundo. Las Hogueras de Alicante, declaradas de Interés Turístico Internacional, llenan la ciudad de monumentos efímeros que son consumidos por las llamas. En A Coruña, la conocida como «Noite Meiga» reúne a miles de personas en las playas alrededor de las hogueras y las tradicionales sardinas asadas. Cataluña celebra la popular «Revetlla de Sant Joan», mientras que Málaga mantiene la costumbre de quemar los «júas», muñecos que representan hechos o personajes de actualidad. En San Pedro Manrique, en Soria, el ancestral Paso del Fuego convierte la noche en un espectáculo único, con vecinos caminando descalzos sobre las brasas.
Sin embargo, pocas provincias mantienen una extensión territorial de esta tradición como la que existe en León. Aquí la fiesta no se limita a un gran evento, sino que se multiplica en decenas de localidades que siguen encontrando en la hoguera un lugar de encuentro para toda la comunidad.
Esa capacidad para reunir a distintas generaciones explica, en parte, la vigencia de una celebración que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. En los últimos años se ha abierto un debate sobre la necesidad de compatibilizar las tradiciones con las actuales medidas de seguridad y protección ambiental. El objetivo es conservar el significado cultural de la fiesta sin renunciar a las garantías necesarias para su celebración.
Más allá de ese debate, San Juan continúa siendo una de las grandes citas del calendario festivo español y una fuente constante de inspiración para la literatura, la música y las artes populares. En León, además, sigue siendo una manifestación de identidad colectiva.
Cuando cae la noche del 23 de junio y las primeras llamas comienzan a elevarse, se repite un gesto que lleva siglos formando parte de la historia de la provincia. Cambian las formas de celebrar, cambian los escenarios e incluso las normas, pero el fuego continúa ocupando el centro de una tradición que se resiste a desaparecer y que convierte a León en uno de los grandes territorios de la noche de San Juan.