León se junta en otoño
Del antiguo mercado de Boñar a los pendones de Cármenes, el 12 de octubre conserva en distintos puntos de la provincia una parte de los rituales asociados a la economía rural, la ganadería y la vida comunitaria

Dos niños acarician un caballo en una feria de la provincia
Hay fechas del calendario que han dejado de tener una función práctica y que, sin embargo, continúan organizando la vida de una comunidad. El 12 de octubre es una de ellas. La festividad de la Virgen del Pilar coincide con ferias que tienen su origen en los antiguos mercados ganaderos, con celebraciones en las que todavía aparecen los pendones y con jornadas que reúnen alrededor de la gastronomía a vecinos y visitantes.
En estas localidades, la fiesta permite observar la transformación de una sociedad rural que durante generaciones estuvo organizada alrededor de la agricultura, la ganadería y los intercambios comerciales. La festividad de la Virgen era una fecha capaz de atraer a habitantes de diferentes pueblos y facilitaba que alrededor de la celebración religiosa se desarrollaran mercados, ferias y encuentros sociales. Ahora, el Pilar puede estudiarse desde un punto de vista antropológico como un conjunto de prácticas que han ido adaptándose a los cambios sociales. La feria ha perdido parte de su función comercial; el ganado ya no ocupa el lugar que tuvo y algunos oficios han desaparecido. Además, los pueblos tienen hoy una estructura demográfica muy diferente por lo que gran parte de los que lo celebran son en realidad hijos que ya no pueblan el territorio y regresan con nostalgia a revivir tradiciones que, sin ellos, se perderían.
En Boñar, el 12 de octubre tiene una relación directa con la historia de las ferias de la Montaña Oriental. El ayuntamiento identifica la Feria de Nuestra Señora del Pilar como la principal del municipio y explica que antiguamente reunía a habitantes de toda la comarca, que acudían para vender los productos de sus huertas y adquirir aquello que necesitaban antes de la llegada del invierno. La fecha aparece documentada al menos desde mediados del siglo XIX. En 1855 se aprobó el establecimiento de una feria anual durante los días 11 y 12 de octubre, coincidiendo con la festividad del Pilar. El documento justificaba su creación en beneficio de los habitantes del municipio y de toda la comarca.
La importancia de aquella feria debe entenderse dentro de una economía en la que el abastecimiento no estaba garantizado durante todo el año y en la que la producción doméstica tenía un peso considerable. La feria de otoño permitía cerrar el ciclo de muchas actividades agrícolas y disponer de productos antes de que las comunicaciones con los pueblos de montaña se complicaran durante el invierno. La jornada actual ha perdido aquella función de abastecimiento, pero conserva la fecha y el nombre de la Virgen. El mercadillo y las actividades tradicionales conviven con la celebración religiosa y con manifestaciones de cultura popular como la lucha leonesa.
En la montaña central, Cármenes ofrece otra forma de conservar la tradición. Su feria tradicional se celebra en octubre y está dedicada expresamente al folclore leonés, la artesanía, los antiguos usos y oficios y la actividad ganadera. El Ayuntamiento señala entre sus elementos principales la exposición de ganado bovino y equino, los talleres artesanales y las demostraciones de oficios, junto con la exhibición de los pendones de la provincia y una degustación de caldereta de cordero.
La presencia de los pendones introduce una dimensión diferente a la de Boñar. Su aparición en las celebraciones permite representar a las localidades y mantener una forma de identidad colectiva que procede de una tradición histórica mucho más amplia. La celebración no se limita a reproducir un mercado antiguo, sino que organiza una representación de la vida tradicional de la montaña: el ganado, los oficios, la artesanía, la música, los pendones y la gastronomía aparecen reunidos en un mismo espacio.
Cada 12 de octubre, Laciana celebra La Feriona, la feria de ganado por excelencia de Villablino. En el recinto ferial continúan apareciendo vacas, caballos, perros mastines y otros animales, mientras las calles acogen puestos de productos alimentarios, textiles, artesanía y otros artículos. Su historia es mucho más antigua que la celebración contemporánea. La guía de patrimonio cultural de Cuatro Valles relaciona la tradición ferial de Laciana con la propia historia del valle y recuerda que la Carta Puebla otorgada por Alfonso X en 1270 ya contemplaba la existencia de un mercado semanal. Hoy La Feriona es un gran espacio comercial en el que la presencia ganadera convive con cientos de puestos.
Mercado ambulante
En todas ellas, la presencia de animales merece una consideración aparte, puesto que la ganadería no era una actividad complementaria en las zonas de montaña de León, sino que formaba parte de la estructura económica de las familias y condicionaba los desplazamientos, los calendarios de trabajo y la organización del territorio. Es decir, una feria ganadera tenía utilidad inmediata.
Hoy la situación es distinta. La disminución del número de explotaciones y los cambios en los sistemas de producción han reducido el papel económico de este tipo de mercados. La propia evolución de La Feriona lo demuestra: fuentes recientes describen una presencia ganadera menor que en el pasado, mientras el mercado ambulante ha ganado protagonismo. Pero los animales siguen teniendo una función simbólica y su presencia permite recordar que estas celebraciones no nacieron como espectáculos turísticos. Fueron acontecimientos vinculados a la economía de los pueblos.
Las ferias cumplían además una función que no aparece en los libros de contabilidad: eran lugares para encontrarse. En una provincia marcada por la dispersión de los núcleos de población, las dificultades históricas de comunicación y el peso de la economía rural, una feria concentraba en un mismo espacio a vecinos procedentes de diferentes localidades.
Se compraba, se vendía, se preguntaba por las cosechas, se hablaba del ganado y se intercambiaban noticias. Además, el 12 de octubre se sitúa en un momento en el que buena parte de las principales tareas agrícolas del año han terminado. Es una época de transición hacia el invierno y, tradicionalmente, un periodo en el que la actividad ganadera y las labores de conservación y almacenamiento adquirían especial importancia.