Diario de León

El encanto otoñal del universo Valverán en la montaña de León

En Valverán, entre el verde permanente de los acebos, el color cambiante de las hayas y la silenciosa actividad de los hongos, la naturaleza ofrece una lección sin palabras: la vida de un bosque depende de la conexión entre todos sus elementos

Las hayas lucen su esplendor amarillo y rojizo en el acebal de Valverán, en Villayandre, Crémenes.

Las hayas lucen su esplendor amarillo y rojizo en el acebal de Valverán, en Villayandre, Crémenes.josé maría escapa

Ana Gaitero

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Hay lugares que guardan una naturaleza especial, rincones donde el bosque conserva su misterio y donde caminar es una invitación a descubrir. El Acebal de Valverán, situado en Villayandre, municipio de Crémenes, es uno de esos recónditos espacios de la provincia de León.

Un pequeño tesoro natural de la Montaña Oriental Leonesa en el que las hayas, los acebos y los robles albares forman un conjunto de extraordinaria belleza, especialmente cuando el otoño transforma el paisaje en una sucesión de tonos dorados, ocres, rojizos y verdes.

De la mano de José María Escapa García, presidente de la Asociación Micológica Leonesa San Jorge, el paseo por este acebal discurre por la magia del mundo fungui. En un año de larga sequía, el otoño se presta apetecible para caminar con días radiantes de sol, aunque sea poco próspero para los buscadores de setas.

El paseo siempre merece la pena y es una oportunidad para sumergirse en la riqueza micológica de estos suelos. Más aún cuando se cuenta como guía a alguien que lo conoce al detalle y disfruta dando a conocer todo su valor.

Al acebal de Crémenes se llega por un camino que parte desde de la carretera cacional n-621, un poco antes de llegar al cruce hacia la localidad de Villayandre. Una caminata corta, de apenas dos kilómetros, sumerge al visitante en esta joya natural.

Boletus edulis en Valverán.

Boletus edulis en Valverán.JOSÉ MARÍA ESCAPA

«Valverán es mucho más que un paisaje bonito. Es un ecosistema forestal de gran interés, un espacio en el que conviven diferentes especies vegetales y animales y donde, bajo nuestros pies, se desarrolla una intensa actividad biológica protagonizada por organismos que pasan muchas veces inadvertidos: los hongos», apunta al iniciar la senda.

El acebo (Ilex aquifolium), tan asociado con la Navidad como adorno vegetal, es la especie que da personalidad a este bosque. Mientras las hojas de sus vecinas caducifolias caen al suelo, las del acebo permanecen impasibles a la otoñada. Aunque es un arbusto y crece lentamente, «puede alcanzar porte arbóreo y vivir durante muchos años».

Sus hojas, de un intenso color verde oscuro y brillante, con sus característicos bordes ondulados y espinosos, especialmente en las ramas inferiores son inconfundibles.

Destellos de color

Los frutos rojos que maduran en otoño en los ejemplares femeninos son otro signo distintivo de este arbusto, aunque se conocen menos las pequeñas flores blanquecinas que aparecen en primavera. Las bayas que brotan en otoño son una fuente nutricia exquisita para numerosas aves cuando escasean los recursos alimenticios y su denso ramaje les da abrigo durante el largo invierno.

Pleurotus ostreatus

Pleurotus ostreatusJOSÉ MARÍA ESCAPA

«El acebal se convierte en un auténtico refugio de biodiversidad durante los meses más difíciles del año», explica José María Escapa. Además, su coexistencia hayas y robles albares genera una variedad de ecosistemas que favorece la vida de los hongos.

La mirada se deleita en las copas de los árboles, en las hojas que caen al suelo y en las setas. Pero gran parte de la vida que hay en este bosque está oculta a los ojos. Las setas son solo la apariencia visible, el fruto de los hongos, seres invisibles y esenciales para el funcionamiento del bosque.

En Valverán algunas especies establecen relaciones de simbiosis con las raíces de los árboles: forman micorrizas que permiten el intercambio de nutrientes y agua entre ambos organismos.

Mycena renati.

Mycena renati.JOSÉ MARÍA ESCAPA

Otras se alimentan de la madera muerta, las hojas y otros restos vegetales, contribuyendo a su descomposición y transformación en materia orgánica aprovechable por el resto del ecosistema.

Los hayedos elevan su interés micológico. El apreciado Boletus edulis, es una de las setas más conocidas y buscadas por los aficionados a la micología y cada vez más cotizado para la gastronomía profesional.

La Mucidula mucida resulta inconfundible sobre los troncos y ramas muertas de las hayas, de los que obtiene su alimento y a la vez ayuda a descomponer. Tiene sombrero blanco, translúcido en ocasiones, cubierto por una sustancia gelatinosa y viscosa y un anillo membranoso en su pie, también blanquecino. 

«Su presencia nos recuerda que los árboles caídos, las ramas secas y los troncos en descomposición no son elementos inútiles del bosque, sino piezas esenciales para el mantenimiento de su biodiversidad», apunta Escapa. Rebozuelos (Cantharellus cibarius), lenguas de gato (Hydnum repandum), trompetas de los muertos (Craterellus cornucopioides), diferentes especies de Russula, Lactarius, Mycena y Cortinarius, entre muchas otras, se encuentran frecuentemente en los hayedos.

El esplendor del otoño

El Acebal de Valverán merece una visita en cualquier estación, pero es en el otoño cuando alcanza su máximo esplendor. Las hayas transforman sus hojas en una extraordinaria gama de colores que va desde el amarillo luminoso hasta los tonos anaranjados y cobrizos. Los acebos, en cambio, mantienen su intenso verdor con las pequeñas pinceladas de sus frutos rojos. 

El contraste es espectacular. «Para quienes disfrutamos de la micología, recorrer este bosque significa mucho más que buscar especies comestibles. Es aprender a observar, reconocer las diferentes formas de vida y comprender que cada seta, por pequeña o discreta que sea, cumple una función dentro del ecosistema», señala el presidente de la Asociación San Jorge que celebra estos días su tradicional semana micológica.

Mucidula mucida

Mucidula mucidaJOSÉ MARÍA ESCAPA

 «Lugares como Valverán nos recuerdan la importancia de conservar los bosques maduros y las formaciones forestales mixtas que todavía mantienen buena parte de su naturalidad», concluye. 

Este pequeño universo natural está en el corazón del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre y de la Red Natura 2000 Picos de Europa de Castilla y León, en la zona sur de la cordillera Cantábrica. 

Visitarlo para caminar, fotografiar o recolectar setas (siempre con responsabilidad) implica conservarlo de prácticas dañinas como arrancar ramas de acebo, alterar la hojarasca, remover el suelo o deteriorar los troncos en descomposición. 

Valverán es un lugar para caminar, observar, aprender y, sobre todo, conservar.

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