Diario de León

Creado:

Actualizado:

Manda el catecismo de lo correcto y lo contemporáneo (de ahí viene contemporizar) que hoy es necesario/obligatorio ser feminista, ecologista-vegetariano y animalista. Fuera de esta trinidad está el error, la Noche de la Razón, el instinto de la caverna... es decir, están los réprobos, porque la obsesión de toda moral y todo moralista que en el mundo ha sido es la reprobación de «los otros» en un tribunal sumarísimo al que, amén del juez, se asigna policía y verdugo, pudiendo hoy cualquiera ejercer en cada caso los tres papeles a la vez, que es lo usual y más divertido al estar permitido sacar así los demonios que llevamos dentro y... ¡a la tarea, diablos!: pesquisad sin pudor, sentenciad sin toga y ejecutad en paredón... o tirad a bulto.

Peláez tiene un problema: el feminismo de dogma tieso le niega toda capacidad de ser feminista por ser varón. Octavito tiene el suyo: es ecologista, pero no puede ser vegetariano al no renunciar jamás a la cecina de chivo, «patrimonio muy material de la humanidad». Y Sócrates no se ve aún animalista, sino previamente vegetalista, a saber: que el reino vegetal es clave, anterior al animal, su causa y su sostén, debiendo prohibirse ya el matar lechugas, cebollinos o judías (dicho sea sin segundas) y comer pepinos o tomates vivos sin aturdirlos antes a modo... y porque «De lo que come el grillo, poquillo».

A continuación, y por chotearse en la caseta del tweeter-pimpampún, Peláez se colgó ahí remedando las famosas redondillas de sor Juana Inés de la Cruz:

Hembras necias que acusáis

a los hombres con razón

sin ver que son la ocasión

de lo mismo que imitáis...

        ... ¿Y cuál es más de culpar

        aunque cualquiera mal haga:

        la que pega por la paga

        o el que paga por pegar?...

Pues ¿para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlos cual los hacéis

o hacedlos cual los buscáis.

Y tan ancho que se quedó. Naturalmente, Hilde y Maricrú, nuestras queridas libreoyentes, le pedorrearon.

tracking