Un todoterreno
Calleja fue Josemari porque, siendo leonés nada cazurro ni cazurrote, pero nada nada, se entrañó en lo vasco hasta cruzar a corpo gentile el campo de la sinceridad y la libertad donde las balas tienen nombre, franqueo en la nuca y un remitente de sobra conocido. Fueron muchos años y muchos sentimientos allí, en Euskadi, tiempo de reojos y amenazas hasta ver confinada su libertad y necesitar escolta: Jose María Calleja fue objetivo del chapela de cerebro-cerrojo y pistolón por no callarse y por ser además un rojo de razón y cuna y no el habitual tirillas o facha españolista tan facilote de vituperar en homilías batasunas, una rojez inteligente que irritó especialmente a todos los otegis de culo al aire... y rojo también, como de mandril.
La franqueza y la precisión en el relato informativo fueron la impronta y la imprenta de Calleja. Su apabullante legado profesional así lo confirma ya sea su voz o su pluma una crónica, un artículo, un libro, un periódico, una radio, una tertulia, una televisión, un comentario, una cátedra universitaria, una enciclopedia, una editorial... infatigable... y todoterreno, el periodista total que cose los retales del día para hacerse una colcha trapera bajo la que esperar que mañana la crónica sea, al fin, distinta y que el pensamiento descanse en la calma nacional y la justicia social que deberían nacer de la verdad, de los hechos. Y todo eso, haciendo que la pluma sea, si lo pide el caso, esa aguijada paisana que aguijonea el culo de las vacas remolonas, del político birlero o de las circunstancias espatarradas en siesta nacional. Información y agudeza, estilo y jovialidad, látigo y seda... qué buen binomio hacía de sí mismo Josemari y qué vacío deja el optimismo, pues supo ver también Lo bueno de España , su último libro (el ciego hijoputa covid-19 se ha cargado a un tipo grande y una voluntad reconstructora).
Su fecundidad vino de ser tropel de hermanos. Para ellos mi condolor, especial para María, su marido Manolo Sierra y para Hernando (en su hueco me clavó Oteruelo a este oficio, pero el hueco de Josemari es irrellenable).