Los nuevos egoístas
Los nuevos egoístas son los de siempre, pero ahora se les nota más. No llevan mascarilla en las terrazas, ni guardan los días de aislamiento, organizan fiestas clandestinas en bares… y además protestan de lo mal que funciona todo, salvo ellos mismos. Me recuerdan a ese personaje que salía en todas las películas de catástrofes: el reacio a trabajar en equipo y que oculta flotadores, paracaídas o alimentos. En algunas se redime al final, pero solía terminar devorado por las llamas, el agua o la nieve. Lo malo es que esto nuestro de ahora es real y - si no se les frena-pagaremos justos por pecadores. Por mi parte, salvo desbarre institucional manifiesto, y no se ha dado, seguiré obedeciendo toda normativa o directriz que me venga desde Ayuntamiento, Diputación, Junta y/o Gobierno. Aplaudiré los aciertos y seré comprensivo con los errores. No soy un santo, me educaron así. El mes pasado fui al hospital a una revisión en Traumatología. Pasaron pacientes y horas, nadie me llamaba. Pregunté. Nada. Y volví a preguntar. «Espere, le llamaremos», me decían con amabilidad. Hice caso y esperé. Ya dije que no soy un santo, me educaron así. Parecía un paraguas olvidado. Por fin, me llamaron y la doctora me dijo: «Gracias por su paciencia. ¡Y no ha protestado! Yo en su lugar lo hubiese hecho». Al llegar a casa comprobé que la consulta la tenía al día siguiente. Pido perdón. El sistema casi siempre funciona. A veces, somos nosotros quienes no funcionamos. En mi caso, la culpa era del paraguas.
Estos nuevos egoístas representan un peligro, para ellos y para los demás. Algo hay que hacer, en algún lenguaje que entiendan hay que hablarles. Por cierto, la discrepancia entre partidos es legítima, no así la incapacidad de diálogo (otra forma de egoísmo, aunque vieja como el mundo). Y también ahora se les nota más. ¿Dónde queda el deber de la ejemplaridad?
La mayoría de los leoneses cumplimos las normas. Nos educaron así, nuestros padres y nuestros maestros. No se trata de servilismo, sino de conciencia y de conducta. También, de lealtad y de amor. Cabe preguntarse quién educó a estos nuevos egoístas, cuáles fueron sus aulas. ¿Han olvidado ya las lecciones que les inculcaron sus padres y sus maestros?