Sánchez, más blindado
Aestas alturas de una pandemia que se ha cobrado decenas de miles de vidas en España —dejémoslo en alrededor de cincuenta mil— ya sabemos que no hay catástrofe humana y social capaz de conseguir que la grey política anteponga el interés general a sus mezquinos intereses políticos. Se envuelvan mucho poco o nada con la bandera tricolor, el patriotismo interior (otra cosa es cuando salimos al extranjero) brilla por su completa ausencia.
No se trata de que cada opción abdique de sus postulados y renuncie a defender sus legítimos intereses, sino de que no aprovechen un estado de emergencia sanitaria para intentar sacar rédito electoral a costa del indefenso ciudadano, que, por si no tuviera suficiente con padecer la amenaza del virus, asiste a la denigrante trifulca política entre quienes están obligados a garantizar su salud.
Lo que viene sucediendo en la Comunidad de Madrid no roza el esperpento, lo supera en la peor de sus versiones. Y no hace falta ser muy sagaz para advertir los espurios intereses políticos que encierra el contencioso. A simple vista se trata de un gresca entre el Gobierno Sánchez y la presidenta madrileña, pero el pulso tiene mucho más calado y concierne a otros actores políticos casi tanto o más que a ellos. Y al que más a Pablo Casado, a quien el ‘trumpismo castizo’ por el que se está deslizando Isabel Díaz Ayuso está colocando en una comprometida situación.
Después de haber venido utilizando Madrid como ariete contra el gobierno Sánchez, Casado no tiene más remedio que respaldarla. Pero se sospecha que Díaz Ayuso, jaleada por cierto sector mediático, tiene su propia agenda y aspira a convertirse en la nueva Esperanza Aguirre del PP, con todo lo que eso comporta. Antes incluso de que ese propósito cuaje, la estrategia de la presidenta madrileña —no secundada por los demás barones autonómicos— está suponiendo un factor de división en el PP, obviamente ello en detrimento del liderazgo de Casado.
Desde que se hizo con los mandos en Génova, Casado no ha conseguido dar con la tecla para recuperar a la legión de antiguos votantes de su partido fugados a Vox, formación que no decae y sin cuyo concurso el PP no tiene la menor opción de regresar a corto plazo a La Moncloa. Por contra, aunque pueda suponer un incordio para el gobierno socialista, en realidad el deterioro de la figura de Pablo Iglesias no hace otra cosa que beneficiar a Sánchez, que tal como van las cosas, con pandemia o sin pandemia, con nuevos Presupuestos o prorrogando otra vez los de Montoro, no tiene enfrente ninguna alternativa de gobierno. Pese a su mucho desgaste, el inquilino de La Moncloa está más blindado que nunca.