Poner coto al virus en las residencias de mayores debe ser prioritario y urgente
El informe diario sobre la incidencia del covid en la provincia sigue ofreciendo cifras que reflejan el descontrol de la pandemia y un inadmisible exceso de contagios. Y también de muertes, con la particularidad de que en este caso la comunicación oficial sólo refleja las de los centros hospitalarios, que en los últimos días vienen siendo aproximadamente la mitad de las reales, quedando fuera de esas cifras las que ocurren en domicilios particulares, las menos, y sobre todo en residencias de ancianos.
A la vista de estos datos no parece que la experiencia de la primera ola de la pandemia, con centenares de muertos durante la pasada primavera y situaciones realmente traumáticas en algunos de esos centros, haya servido para que ahora se adopten las medidas necesarias para evitar que tengamos que volver a sufrir tantas y tan dolorosas pérdidas. Es lo que cabe concluir del hecho de que no se hayan tomado medidas sensatas para evitar las visitas a las residencias, que es la vía de contagio sin duda más directa.
El desconcierto ciudadano sobre los sucesivos cambios normativos para afrontar la crisis del coronavirus se extiende también en los centros de mayores en un momento en el que rige el toque de queda y se cierra perimetralmente la comunidad autónoma. Y sin embargo, esas visitas a los residentes siguen vigentes y, paradójicamente, amparadas por la ley hasta que no haya una norma que faculte su prohibición. Es un situación que choca frontalmente con la gravedad del momento epidemiológico. En un escenario de «riesgo extremo» y con más 700 contagios por cada 100.000 habitantes, lo exigible por encima de todo es que el cierre de los centros residenciales no vuelva a llegar demasiado tarde, como ocurrió en marzo. Es lo menos que podemos hacer por quienes allí dentro están, sin embargo, tan abiertamente expuestos.