Losada street
Estudian ahora darle en Madrid una calle al «relojero Losada», leonés nacido en 1801 en Iruela, ahí donde la Cabrera no es Alta ni Baja, pero sí más mísera entonces; y ahora. Ya les vale a los madrileños tomar en consideración esta honra 156 años después de haberles donado gratis ese reloj del que presumen pregonando su centralidad en la Puerta del Sol (reloj de Gobernación, se dijo siempre). Losada no era apellido y lo tomó del valle que va de La Baña a Encinedo firmando José Rodríguez Losada quizá porque el materno Conejero le sonara ruin o lo repudiara por alguna razón, que bien pudo haberla tras un episodio clave en su vida a los 17 años cuando cuidaba vacas y se le perdió una ternera; pasó toda la noche buscándola y tras encontrarla muerta ni consideró volver a casa con la noticia huyendo en el acto a Puebla de Sanabria (qué represalias no temería) donde le recogió un arriero que le llevó a Extremadura. Se alistó después en el ejército y al poco era ya oficial en Madrid en el Trienio Liberal (1820-23, cuando las dos España se llamaban entonces liberal y absolutista), siendo acusado por su afiliación y huyendo a caballo a Francia y, finalmente a Londres donde el Comité de Ayuda a Emigrantes le buscó un trabajo de limpieza en una relojería. Tiene su novela este paisano porque recogiendo de la basura piezas y maquinarias desechadas compuso sus propios relojes y tuvieron que hacerle oficial relojero. Cuando muere el dueño y después su jefe, logra quedarse con la relojería y se casa al poco con Ana Hamilton Sinclair, su casera, estableciendo en Regent Street su fábrica y tienda con franquicias en Europa, Iberoamérica y Filipinas. Muere a los 69 y deja inmensa fortuna a sus hermanas, un sobrino, su médico y sus sirvientes, largueza de quien nació pobre.
Pero acabando más inglés que cazurro o español y firmando sus relojes J.R.Losada 105 Regent St. London , cree Otavito que su calle debería llamarse Losada Street en honor al país que le dio todo. Además, entre los asesores de Almeida ha de haber más de un pijobritish y, así, ¡miel sobre rótulos!