Diario de León

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En el verano de 2020, el icono del rock nacional José María Sanz Beltrán, más conocido como Loquillo, recorrió la España que salía del confinamiento en una furgoneta junto a un grupo de músicos. Ofrecían conciertos en lugares pequeños, ante un público sentado, y el temor a la pandemia les obligaba a cancelar una de cada dos actuaciones. «Éramos como apestados, pero en esas situaciones no puedes quedarte en casa», cuenta el rockero en una entrevista en El Mundo en la que asegura haber vivido situaciones kafkianas, que le recordaron a los últimos coletazos del franquismo.

«Venía de tocar ante dieciocho mil personas en el Palau Sant Jordi y me encontré en un secarral en Aranda de Duero ante ciento diez personas», afirma, convencido de que era lo que tenía que hacer y resentido con los músicos que el año pasado no salieron de gira debido a las medidas de seguridad que imponía el coronavirus. «Di la cara por la profesión», añade.

La entrevista no lo menciona, pero en agosto del año pasado, Loquillo estuvo en la diana por abroncar a un guarda de seguridad en Torrelavega que comprobaba que ningún espectador se quitaba la mascarilla. «Aquí mando yo», le espetó el rockero después de detener el concierto cuando sonaba La mala reputación para reprocharle que no dejara de pasar por delante de «mi puto escenario». Aunque el público, su público, le aplaudió, aquello fue trending topic y Loquillo acabó por disculparse después de que le afearan su conducta. «Fue un error mío», aseguró.

Tampoco había estado muy acertado cuando se despidió de Pau Donés, fallecido de cáncer, con un tuit que recordaba el día en que había conocido al cantante de Jarabe de Palo: «Guardaba un autógrafo mío que le había firmado yo cuando aún no se dedicaba a la música», escribió. Fue otro cantante, Ismael Serrano, el que lo retrató con otro tuit: «Cuando fallece alguien conocido, los comentarios sobre esa muerte a menudo dicen más del que se queda que del que se va».

Y me imagino al Loquillo bravucón, al cantante chulo de Rock and roll star , que presume de haber cambiado la música de este país—y quizá sea cierto— mientras marca el número del Ministerio de Cultura para que le pongan con Miguel Iceta y dice: «Soy Loquillo, me cago en Dios», a modo de presentación.

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