Hielo matón
Espanto terrorífico tuvo que ser para los testigos directos el desprendimiento de un serac del glaciar de La Marmolada, la cumbre más alta de los Dolomitas italianos, que se precipitó con un rugido estremecedor y sacando su guadaña a trescientos kilómetros por hora para segar la vida de unos cuantos que practicaban lo que se llama actividades saludables de montaña. La lectura de ese grito que emitió la rotura de la gran boina de hielo que cubría esa cumbre ya está hecha: el aumento de temperaturas horadó su solidez; el cambio climático está detrás; y delante.
Hace mes y pico finalizó en La Marmolada una etapa clave del Giro de Italia con los ciclistas lamiendo arcén de nieve y hielo con temperaturas de 6 a 8 grados. ¿Quién iba a pensar entonces que ese glaciar, el último de esa cordillera y resgistrándose una tempratura de 10 grados nunca vista, iba a ensayar también un descenso a tumba abierta dejando por ahora siete muertos y varios desaparecidos sepultados bajo el gigantesco tonelaje de hielo y canchal?... Pero esta tragedia ha dejado otra lección a la vista en el mordisco transversal que muestra ahora las sucesivas capas de hielo y nieve que han ido formando ese glaciar a lo largo de los siglos. Al igual que los anillos del tronco de un árbol, esas capas suministran mucha información. Sólo las inferiores presentan el color turquesa del hielo prístino; las superiores son nieve sucia o simplemente negra por toda la mierda contaminante que el aire llevó a esas alturas en el último siglo, tan industrial y alegre meando humos y pestes. Esos lutos vienen anunciando muerte hace mucho, igual que murió hace treinta años el último jou de nieve, minúsculo y terco glaciar que servía a Paulino el Manco de nevera en verano junto a su chozo en el puerto de Sancenas. Ya decía entonces que era la peor señal; barruntaba calamidad climática de la que aún no se hablaba, pero que él palpaba año a año, lo mismo que lamentaba el creciente número de tontos y atrevidos aventurándose en la peña y que este verano no dejan reposo a los costosos servicios de rescate.