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Editorial | Ponferrada, frente a toda lógica

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El sector privado lleva muchos años exigiendo al entramado público ajustes en las plantillas y el gasto, y eficiencia en la gestión. Las sucesivas crisis, y la que ahora amplía sus efectos no es menor, han puesto sobre la mesa la necesidad de gestionar la administración pública con criterios de rentabilidad y eficiencia. Como si se tratara de una empresa privada que exige rendir cuentas, no de un pozo sin fondo en el que todo exceso vale.

Un argumento que no sirve al alcalde de Ponferrada, Olegario Ramón, que en tres años de mandato, marcados en lo económico y el gasto público primero por el caos del covid y ahora por las apreturas que impone la guerra contra Ucrania, ha disparado la contratación de personal público y, consecuentemente, el gasto municipal. A la vez que ha apretado las tuercas de la recaudación fiscal a los ponferradinos. La oposición denuncia que la dadivosidad contratadora no esconde sino una red clientelar para asegurar votos que le perepetúen en el cargo. En manos de esta oposición está también ejercer la responsabilidad de velar por la cordura.