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La población del oso pardo ha experimentado una más que notable evolución desde el último censo oficial. Según los datos presentados esta semana por las cuatro comunidades autónomas que han participado en este nuevo conteo (Castilla y León, Asturias, Galicia y Cantabria), la población ha pasado de los 230-270 ejemplares en 2018 a los 370 actuales en toda la Cordillera Cantábrica, en donde León es la provincia más poblada con casi el 53% de los individuos. Se trata, sin duda, de una excelente noticia para todas aquellas personas que están detrás de la conservación de esta especie, donde a parte de los muchos esfuerzos tanto económicos como humanos que dedica la administración, hay que destacar la labor de la Fundación Oso Pardo (FOP), y del Fondo para la Protección de Animales Salvajes (Fapas), que trabajan sobre el terreno para garantizar el mejor hábitat para el mantenimiento de esta emblemática especie.

Una de las mejores noticias es también el aumento de la subpoblación oriental, pasando de los 50 ejemplares que se contabilizaban antes de 2020, a los 120 que se han reflejado en este nuevo estudio, lo que confirma que hay intercambio genético entre los dos extremos de la cordillera gracias al llamado corredor del oso que une las dos subpoblaciones.

Pero toda evolución implica nuevos desafíos, nuevos escenarios que vamos a tener que afrontar, como garantizar la convivencia de todos estos nuevos ejemplares con la actividad humana de los lugares que están colonizando. Desde hace tiempo se trabaja para que esta expansión del oso no interfiera en la vida y en la actividad de los habitantes de las zonas oseras, pero habría que plantearse hasta que punto otro tipo de expansiones, como es el caso de los proyectos eólicos y fotovoltaicos que están saliendo como los champiñones a lo largo y ancho de la provincia, afectan a la población osera, ahora que empieza a levantar la cabeza y a revertir de forma definitiva su recesión.

No basta con afirmar que no se van a autorizar proyectos en zonas protegidas, ya que el oso campa a sus anchas por toda la Cordillera Cantábrica. Su avance es imparable, como la proliferación de proyectos de energías renovables. A ver quien se hace ahora el rey de la montaña.