Diario de León

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En época de campaña electoral es un entretenimiento hacer cábalas sobre la composición de las futuras corporaciones y la adjudicación de sillones cuando hablen las urnas. Pero estos días, en León, las apuestas están al alza en un duelo entre quienes creen que Victorino Alonso, esta vez sí, entrará en la cárcel y los escépticos o realistas que están convencidos de que el rey del carbón quedará libre y campando a sus anchas una vez más.

Los antecedentes animan más a apuntarse al bando escéptico —o realista— que al de la justicia poética, porque, a estas alturas, sin minas, sin mineros y con la provincia de saldo para el despliegue de macroparques eólicos, solares y apresamiento de aguas fluviales, que este hombre quede entre rejas solo sería un castigo simbólico. Todas las fechorías que podía hacer ya las hizo con la connivencia de los poderes políticos y el secuestro bien calculado de los trabajadores.

Si pienso así será seguramente porque hace ya un porrón de años le oí declarar en sede de judicial, como se dice pomposamente, que su única propiedad era una moto que le había comprado su padre y valía poco para librarse de pagar la pensión de alimentos a sus hijas. La risotada que arrancó aquello se olvidó en menos de lo canta un gallo. Era verdad porque, por no cumplir con sus deberes, no tenía propiedades a su nombre ni sueldo conocido.

Poco tiempo después y un acuerdo con su exmujer para echar tierra sobre el asunto, Victorino Alonso resultó ser el agraciado empresario al que el Gobierno, con el concurso de la desvalijada Caja España, entregó la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) a un insolvente declarado. Anteriormente, este hijo de un pequeño empresario minero, dueño de Antracitas de Busdongo, había puesto sus manos en una empresa berciana considerada modélica. En ‘Victoriano González’, Victorino Alonso dejó claro su estilo de apretar tuercas para menguar derechos salariales y sociales. Se las tuvo que ver con unos mineros bravos que llegaron a secuestrar a un ingeniero por unas horas en el pozo de Santa Cruz del Sil. Victorino Alonso, el mago que evaporó medio millón de toneladas de carbón en Fabero, se volvió insolvente otra buena mañana de 2018 para eludir responsabilidades por destruir un yacimiento prehistórico en Huesca. Ahora el Tribunal Supremo confirma la condena de cuatro años por los daños causados por el cielo abierto de Nueva Julia. Yo no me acabo de creer que, ahora sí, acabe en la cárcel. Me pregunto quiénes son los nuevos don Vito disfrazados de energía verde.

Los poderosos siempre te sorprenden con triquiñuelas judiciales como las que dilatan hasta el estupor el juicio a Pedro Muñoz por homicidio frustrado y malos tratos continuados a su esposa Raquel Diaz. Y el tipo, en libertad.

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