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Pastores, entrenadores de baloncesto y asesores políticos sobresalen entre la multitud de gente lista que pisa por el mundo; y más arriba, los publicistas, que tocan cables y cambian decorados para que parezca lo que no es, disuadir, persuadir, aplacar. Las elecciones son el campo adecuado para que los pastores prueben en los banquillos, los coach dominen los rebaños, y en verdes prados los hagan recostar, y los políticos ensayen la convicción en vez del triunfo que los apura. Y los publicistas, a eso suyo; a la mesa de mezclas para que el haz de luz acompañe la eclosión musical en el final del concierto. Sólo un publicista supo sintetizar los sueños mientras la mano izquierda navegaba el infinito y la derecha agarraba el volante. El publicista brillante asume que su anuncio es penoso cuando vale para otra marca; los políticos saben que son desastrosos si dicen lo que podría decir cualquier otro. Así se solapan el pepé y la pesoe, más allá de que el pepé sea la pesoe diez minutos después; o media hora, para darle margen a Cs y otros lentos de reflejos. Un pastor es publicista cuando decide el careo sobre el pasto fresco del relente para envolver con rocío el hambre de agosto. Las elecciones son puntillosas con el menú que ponen en la boca; por eso, ahora no se ven las almenas, ni conjunciones copulativas, y se templa el discurso lejos de las alusiones orgánicas, para no espantar. León, dicen; qué jodidos. Que el telón del día 28 no se interponga en el peso de la industria en el pastel del empleo, que la vejera no prive del valle de la juventud; que la necesidad que importa no desazone el mensaje que interesa al poder. Votar lo que piensas o votar lo que quieren los que piensan. Por leer a publicistas, los pastores se hicieron descreídos en los linderos de la mies, y pintaron defensa en zona para descargar de trabajo a los carea. Los políticos se empachan de frases hechas para rematar mítines que igual valen para vender hamburguesas que diuréticos. La mujer con pañoleta, la vaca, el chaval, la maleta y la estación de tren es un relato excelente que no sirve para crecepelos. El voto futuro son 40 años de León. Lástima que a upele le dé ahora por darle likes a los pastores del pacto cívico. Qué triste, mayo.