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Grand Prix es el título de un disco de Teenage Funclub, un grupo que por la vía de la admiración pone de acuerdo hasta a la escena musical leonesa, que confluye en la admiración incondicional en canciones como Neil Jung de pop arrebatado. Si no fuera por la música no sé qué sería de esta campaña que hoy se dedica a reflexionar. Alguno se levantará pronto e irá a por churros para desayunar con la familia. Otro aprovechará para hacer deporte, que lo tiene casi abandonado estos días de frenético compromiso y ya no sabe si ha cogido o perdido kilos. El de más allá, o acá, visitará a algún familiar cercano, que con este ritmo de vida sin tiempo el que parece lejano es él. Quién sabe si habrá quien dedique la mañana a pegarse una sesión de Wagner, por ejemplo. O a una cita cultural, un café en una terraza esperando la lluvia o un vermú en la plaza de San Martín... La verdad es que el día de reflexión es un chollo. Parece que es el día para hacer todo lo que no se hizo, y se debería, durante el año. Aunque también tenga pinta de lo de los deberes no acabados sobre los detalles importantes de la vida siempre pospuestos precisamente por la vida misma. Esto por aquí. Pero por el otro lado, Grand Prix es lo de la vaquilla. Que, por lo visto, en la nueva reedición del programa televisivo supuestamente tan divertido, cancela la sección por respeto a los animales. Aquí, en la campaña leonesa, hubiera quedado bien tener que decir: ha sido un espectáculo divertidísimo. Sólo faltó que soltaran la vaquilla. No se llegó a tanto. Leí a la periodista leonesa Belén Molleda, que además ejerce de su origen como presidenta de la Casa de León en Madrid, que había que apelar al sentido común. Una foto del hermano de Ayuso en una lona de Podemos campa por la calle Goya de Madrid. Lo dice todo. Venía a decir: nos va la vida en ser responsables. Como si al final, por la última rendija de la campaña se colara la idea de que el ejercicio de derecho al voto también lleva implícito exigir a quien lo recibe que sea un poco responsable. Aunque solo sea un poco. Aunque solo sea un voto. Porque ya sabe: Amiguiños sí, pero a vaquiña polo que vale. Y es lo que se tiene.