Diario de León

Creado:

Actualizado:

Dicen que la de azafata es una profesión de riesgo. Convertidos los vuelos de avión en actividad generalizada en los tiempos que corren, cada viajero tiene su propia percepción al respecto. Anoto una, sin embargo: «Con el tiempo las azafatas pierden la memoria, por los muchos cambios de presión, dice Sonia», una azafata, según cuenta Tomás González en su novela Niebla al mediodía. No sé si tal afirmación puede o no ser cierta. Lo que sí es, al parecer, según confesión de más de una, la presión humana, la del viajero, más que la atmosférica, la de mayor presión.

No cabe la menor duda que viajar en avión saca a relucir no pocos comportamientos extraños, que, según narra una de estas profesionales, culmina en los aplausos cuando el aterrizaje se efectúa con éxito. «No he visto esto en otros países –dice-, quizá se deba a que nosotros acumulemos mayor tensión durante el vuelo. El aplauso se ha convertido prácticamente en costumbre». Esa posible tensión lleva, inevitablemente, al anecdotario. Es la misma azafata la que cuenta algunas anécdotas que a ella misma le han ocurrido durante la última semana. Más de uno, cuenta, le han preguntado cómo bajar la ventanilla. Una pareja pidió, muy educadamente, volar más bajo. Simplemente porque las alturas excesivas les dan miedo y mareos. Por no faltar, no faltan algunas quejas rocambolescas: un sesentón, con modales de guaperas, se quejó de la belleza de las azafatas. «Son más guapas en los anuncios, así que el vuelo no está cumpliendo con mis expectativas». Ya me dirán si no es profesión de riesgo, sicológico también. «Yo creo que no es para tanto», dijo mi interlocutora con gesto de mostrar tipo. Los años aconsejan el silencio en estos casos, o una leve sonrisa laudatoria.

Media España, o más, anda estos días de vacaciones o de vísperas festivas en una de las fechas más señaladas en el calendario patrio. Buenos momentos para anotar anécdotas sin duda, un género de intríngulis cercano al relato breve que tiene bases para poder apuntalarse.

Volviendo a aviones y azafatas, uno aún tiene colgados en los rincones de la curiosidad ese misterio sin resolver del espacio: dónde caben tantas cosas, cómo es posible la respuesta práctica y precisa a tantos requerimientos, cómo aparece en algún pequeño cajón esquinero hasta lo que parece imposible… Estas magas del aire, pienso, hacen que el viaje tenga también la gran virtud de estar cargado de sorpresas.

tracking