Diario de León

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Mi patria/infancia, ya dije, fue un barrio escoltado en huertas, pero en verano fue no pocos domingos un molino de ancha presa, el de Severino, algo alejado de  Villanueva del Condado , molino con cuadras contiguas donde la familia había abordado una artesanal empresa de mantequilla y quesos, así que, como diría mi madre, allí íbamos « a por atún y a ver al duque ». Poblados domingos de mucha rapacería, de baño inmediato para los ñarros en la misma boca del rodezno por no llegar el agua a la barriga y despreocuparse por ello los mandos naturales de la expedición; y para la mocedad, baño de largo olímpico hasta entrecallarse en un puerto que allí abajo apresaba al río años antes de verse regulado por el embalse de Boñar, de Vegamián o del Porma (de  Juan Benet  hoy, y nadie lo nombra), puerto donde a la hora pertinente -y con reojos por si asomaba la autoridad- se buscaba la truchona enorme a chapuzo en la pozaca (ahí Porfirio reinaba) y después, una alforja de bogas y algunas pintonas a tresmallo (una vez fueron dos redes y la cestada subió a 90 kilos).

De aquella presa recuerdo dos cosas hoy increíbles e imposibles: una, su fascinante riqueza cangrejera de la que se daba cuenta a mano por las mañanas en las huras de su orilla barrosa con riesgo de que alguna rata de agua nos cuajara el respiro; y dos, un fenómeno biológico que acabó desapareciendo de las aguas leonesas sin que aún se sepa por qué: ¡mejillones de agua dulce! Tapizaban por entero el suelo arenoso de la presa ya serena ante el molino, tanto, que andar descalzo allí era pisar un lecho de cuchillas, ni un fakir se atrevería. En fin, un verano sin ríos ni presas no hubiera andamiado igual mi infancia. Por eso, las pocas veces que he vuelto a pasar por allí se me encoje el alma y se me arruga el suspiro por los que se fueron dejando ahí su eco mudo y por todo lo que desapareció, muerto ya el molino de su ser y faena, embalsamado el sitio en silencios... y con sólo grajillas y urracas cosiendo la chopera y pareciendo reírse de nuestras cuitas con sus graznidos. Aquel molino...

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