Diario de León

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En Luces de Bohemia , Valle-Inclán presenta el personaje de un anarquista catalán preso que sostiene que Barcelona sólo se salvará pereciendo y que hay que destruir la riqueza a toda costa: «exterminando al proletariado también se extermina al patrón». Ese mismo tipo de razonamiento, por llamarlo de alguna manera, parece haberse trasplantado de las musas al teatro municipal.

«Terminando con el tráfico, terminaremos con los problemas derivados del tráfico». No me diga que no tiene la impresión de que ese es el principio que promueve muchas de las acciones de un alcalde empecinado con la circulación, el aparcamiento y hostilizar la puntualidad. Diríase que tiene entre ceja y ceja la agenda 2030, ese manifiesto de millonarios de repente verdes que sostiene como uno de sus primeros puntos «acabar con la pobreza en el mundo», esa utopía que hasta ahora gestionaba Cáritas. Hacer ciudades imposibles para sus habitantes y cordiales con el turista, construir lugares de paso de diseño, en definitiva: salones para las visitas. Inmediatamente se infiere de ello que, por más que se afirme con la boca pequeña, no hay prevista otra salida económica que el turismo en el horizonte, que nunca va a haber posibilidades de industria, grandes empresas ni más porvenir que el de convertirse en un parque temático.

La ciudad museo como horizonte próximo, un modelo que quizá ya es de éxito en la media España de las ciudades poco imaginativas y que han tirado la toalla de su propio futuro. Por cierto, hablando de la agenda 2030, simplemente hacer notar que no se puede combatir el cambio climático y al mismo tiempo perpetrar arboricidios en los barrios para poner cemento. Talar árboles sanos también es negar el cambio climático, de una forma activa, además, como si no fuera a hacer falta su sombra presente y futura, su producción de oxígeno, el canto que cada primavera busca refugio entre sus ramas. Igual es el mismo principio y, liquidando los árboles, se pretende eliminar la sucia presencia de los estorninos. Cualquier día, a algún mostrenco se le ocurrirá sellar las alcantarillas para terminan con ratas y cucarachas. Tiempo al tiempo.

En la novela de Valle-Inclán, el capitán Pitito de los Municipales lanza una pregunta a los poetas trastos que acaban de ser detenidos por quebrantar el orden establecido por la vía del escándalo público, que, sin decir que tenga vigencia, igual tampoco sobra: «¿Qué dejan ustedes para los analfabetos?».

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