Estamos de récord
Podría parecer que no sale ni una cuenta. No es cierto. No cuadra, por encima de todas, la del coste de la investidura de Pedro Sánchez, aunque quizá descuadre más aún una debacle por la no investidura. Revolver todo para que todo siga igual. El paisanaje vota lo que vota, y a los votados corresponde engrasar una gobernabilidad ingobernable. Eso ya no va a cambiar. El puzzle político y legislativo en el que habitaremos nunca será del acomodo de una mayoría, buena prueba son los resultados de los abundantes comicios en los que nos hemos ejercitado en los últimos años.
No cuadran las cuentas a ninguna autonomía fuera de la catalana. Las del PP levantan la voz, entre ellas la nuestra en comandita con Vox. Más cargas que ingresos tiene este territorio, aunque sean desigualmente repartidas entre sus nueve provincias, que legitiman la reivindicación. Descuentos pedimos para este territorio vasto, improductivo en buena parte, inabarcable para cualquier servicio eficiente, lastrado por la demografía, la geografía, el abandono inversor,... Larga lista de agravios, cachis que no pintamos nada en la balanza de la gobernabilidad.
En cambio sí que pinta la rentabilidad que generan los ahorros arañados por los abuelos de aquí, más los de la generación del baby boom (próxima a la jubilación, afortunada en el empleo y enseñada en cuidar el mañana) en los estratosféricos beneficios que vienen acumulando los bancos. Sobre todo los seis que cotizan en el Ibex. Casualidad o no, cinco de ellos con fuerte implantación en esta provincia. Ninguno ya histórico, no pocos herederos.
El caso es que tras el meteórico ejercicio de beneficios de 2022 suman sólo hasta septiembre 19.761 millones de ganancia, un 24% más que el récord del año anterior. Por fin la subida de los tipos de interés les renta, con un matiz: si cuando les apretó la política monetaria ahogaron con comisiones y drástico recorte de empleo y servicios, ahora en su gozoso pulmón no han aflojado su ajuste. Se niegan, a pesar de los inoperantes requerimientos del Gobierno, a trasladar las multimillonarias ganancias por el aumento de tipos a un ahorro que mantienen en el incomprensible secuestro de la falta de rentabilidad. No es baladí, en estas tierras de nóminas, pensiones y cuentas corrientes cautivas y alérgicas a la volatilidad de la inversión.
Si poco tiene que rascar la reivindicación contra la afrenta catalana, menos cabe esperar de la generosidad del entramado financiero. ¿Nacimos para paganos?