Diario de León
Publicado por
CORNADA DE LOBO
GARCÍA TRAPIELLO

Creado:

Actualizado:

D e guaje en esta ciudad, entonces tan tendera pero más pazguata, los momentos excitantes del día eran dos: ver las carteleras de los cines buscando escotes y poder comprar alguna chuchería en cualquier carrín. ¿Queda alguno? El carrín era una institución, puesto callejero de venta y repostaje en el camino al cole o en el callejeo dominical por el centro. Y tenía sus tipos: de la mesita de tijera con tablero y obleas o manzanas encarameladas al kiosko con ruedas, ventana abatible y mucha más mercancía arrimado a colegios y cruces con tránsito. En la retina están mis carrines frecuentados: los dos del Arco de la Cárcel (de una paisanota de Valdevimbre con bigote), el apalancado en los Maristas y uno chulo repintadito de verde al final del Padre Isla donde compraba cigarrillos de anís, pastillas de leche de burra, regaliz (estratos), chicles, restralletes y petardos, colgando además por fuera algunas revistas o novelas a las que mi mirada iba también de caza si había que hacer cola. Tenía entonces un amigo de los humildes altos de Cantamilanos a quien el bolsillo le tacañeaba alegrías ante un carrín; y si tenía aquel día unas perronas, sólo compraba esas castañas tan duras que llaman pilongas para pasar media mañana royendo y poder así espantar algo el hambre porque casi nunca traía bocadillo. Creí un deber acompañarle en su costumbre.

La palabra carrín lo dice todo. Y la pilonga también. Tiene historia en las tierras catañeras bercianas, ancaresas o cabreiresas. Entonces se apañaban todas, ni una dejaban, eran proteína en casa pobre y para el gocho manjar. La pilonga nacía sobre costanera de mimbre, lumbre abajo y secándose ahí. Dos perras les darían por ellas si al carrín llegaban tan baratas. ¿Y qué guajes comen hoy esa pilonga que dura en la boca lo que dura una clase, aunque el mandibulón la liquide en dos minutos?... Hay quien las cuece para puré y quien predica sus virtudes: ácido omega, potasio, hierro, buena pa to. Mi amigo lo demostró, jamás pilló un catarro, aunque también pudo ser para no tener que gastar en farmacia... mejor en carrín.

tracking