Diario de León

Al día
 Luis del Val

Gracias, Maite Pagazaurtundúa

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Coincidimos en un tren. Creo que era un recorrido entre Madrid y San Sebastián, y yo iba de acompañante de Iñaki Gabilondo, quien nos presentó. Una vez recibí un email tuyo solicitando una firma para un manifiesto encabezado por personas por las que siento tanta admiración como por ti: Fernando Savater, Félix de Azúa, Andrés Trapiello... y un largo etcétera. Ignoro si firmé, porque soy muy desordenado, pero estaba completamente de acuerdo con lo que decía el manifiesto, una versión actualizada del «¡Basta ya!», que al menos, despertó algunas conciencias.

Soy 22 años mayor que tú y, a medida que me hago más viejo, más me indigna la injusticia —cualquiera— y más asciende mi entusiasmo por las personas que, día a día, con miedo, supongo, pero con mucho más valor, se enfrentan al totalitarismo de los asesinos y sus admiradores. Me he enterado por los periódicos de que te retiras y ya no te presentas al Parlamento Europeo. Lo siento por España, y me alegro por tí. Y quiero darte las gracias, porque en Estrasburgo has sido una de las voces más limpias, y con argumentos más inteligentes, que han mantenido la voz de alarma ante el avance de los totalitarismos en España, incluido el de tu desconocido partido —el PSOE— desarbolado por Pedro I, El Mentiroso.

Quiero darte las gracias por el dolor terrible de vuestra familia, tras el asesinato de tu hermano. Quiero darte las gracias por los 13 años de vivir bajo el terror en el País Vasco, 13 años de acoso, de vivir con escolta, de sentir miedo, pero de superarlo por tener los ovarios tan bien puestos como los del más valiente de los guerreros, hasta que la Policía te abrumó con tantos argumentos que, por bien de tu familia, decidiste domiciliarte fuera de tu querido País Vasco.

Quiero darte las gracias por ese buzón para que los que decían, en tu pueblo, que el que no pensara como ETA debería ser asesinado —¡ese inmenso disparate!— pudieran pedir perdón y reconocer el totalitarismo cruel de ese principio. Quiero darte las gracias, porque cuando el totalitario ayuntamiento de tu pueblo quiso obligarte a quitarlo, tú resististe, con la valentía de la que ellos carecen.

Gracias, Maite, porque en una sociedad llena de cagones, cobardes, sumisos, pelotas y serviles, que venden su prestigio por un puesto de ministro, tú eres una referencia difícil de olvidar.

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