La lista de Sáez
Si algún día me diera por escribir las diez reglas de oro del columnista, y nunca me dará pues las ignoro, una de ellas sería: «Rectifica rápido tus gazapos». No seamos como Punterini, el célebre lanzador de cuchillos, quien tenía a gala no haber errado nunca más de un lanzamiento al año… y se jubiló a los 105 años; solo uno, sí, pero la sangre llegaba al río. Tituló sus memorias Por unos cientos que maté me llaman matacientos . Este servidor comete más, pero fáciles de rectificar. Escribí aquí que Adrián J. Sáez, en contra de su costumbre, no había incluido en Las letras de las armas, Cervantes y las vidas soldadescas (Etiópicas) una lista de agradecimientos. Inexacto. Simplemente, no figuran en el índice; los había integrado en la introducción. Leí el libro semanas antes de escribir; cuando me puse ante el teclado, los busqué, incluso eché un vistazo al principio y al final, pero no recordé —ay— que estaban integrados. Un montón de ellos, casi como el Catálogo de las Naves , de la Ilíada . Pues, en efecto, ha convertido el agradecimiento en un género en sí mismo: todos singularizados y sutiles. Hay palabras para maestros y para colegas, para los amigos —tiene legión—, para alumnos. Tres nombres aparecen destacados al final: «Luis Gómez Canseco (modelo de vida y obra)», «Pedro Ruiz Pérez (águila del Siglo de Oro)», «Antonio Sánchez Jiménez (jefe del dúo acróstico y dinámico)». Joven, pero ya prestigioso investigador, disfruta proclamando que tiene el saber y el corazón endeudados de gracias imperecederas. Pido, pues, disculpas. Estaban ahí, como anuncios de neón en la noche.
En su lista figura Pérez Reverte, «porque mi dedicación filológica debe mucho al capitán Alatriste, que Dios se lo pague (o se lo perdone)». Aunque Sáez escribió Las letras de las armas con Ucrania al fondo, «de dolorosa actualidad», su interés por lo soldadesco viene de atrás. Las Humanidades necesitan este profesorado, riguroso en lo académico e impregnado de alegre épica vital
¿Y él ha protestado mucho por mi gazapo? En vez de mandarme a sus padrinos, me remitió desde Italia abrazos y gracias. Gran filólogo y gran tipo. Pero, quien se rectifica descansa… seas Homero, Punterini o un juglar de columnas.