Nuestro lobo de mar
Llamé a Toño Benavides y le felicité por sus ilustraciones para El corazón de las tinieblas (Reino de Cordelia), de Conrad, ahora en libro tras haberlas expuesto meses atrás en León. Iba a decirle también: «Por el capitán Haddock te lo pido… ¡¡cambia tu fotografía de la solapa, ese de mirar triste no eres tú!!». Pero, finalmente, la conversación nos llevó por otros derroteros. No es que haya salido poco favorecido —como imagen es excelente—, pero resulta tan inquietante como las aguas que conducen hasta de Kurtz. Ay. Y él es luminoso, incluso cuando ilustra en blanco y negro. Además, siempre le asociaré a la alegría, a nuestro recorrido en barcaza por el Canal de Castilla, por un trabajo en colaboración. En su amistad siempre hace buen tiempo, incluso en la tormenta. El corazón de las tinieblas es uno de esos relatos de largo recorrido, fascinante para los lectores y cátedras de estilo para quienes escriben. En las turbias aguas de Conrad tienes que adentrarte a machetazos, el ilustrador leonés lo hace con las propias manos. Esta edición. con amplios blancos de página, facilita el navegar del lector por una prosa oscura, febril y bella. Nuestro lobo de mar siempre coge la ruta difícil en el espejismo de la facilidad. Y lo ha vuelto a lograr: ilustra con maestría una obra maestra. No ha naufragado, es poeta del dibujo y de la palabra. Logro estético y ético el suyo, de quien se siente comprometido con la verdad.
Actualmente, trabaja sobre leyendas leonesas, en colaboración con el Instituto Leonés de Cultura; y lo que conozco del proyecto es, de nuevo, de una calidad a la altura de su prestigio internacional. Sigue creciendo como artista
Con Conrad, ha regresado al principio: al universo del autor polaco. Y nos transmite tal fue el lamento clarividente de Kurtz: ¡El horror! ¡El horror…!», musitado —sin citarlo— ante el colonialismo asesino del príncipe Leopoldo, devastador del Congo belga; tragedia vigente, como todas, pues el mal ni se crea no se destruye, solo se transforma. La gran literatura nunca es mera evasión, ni siquiera cuando nos evade. Felicitaciones, Toño Benavides. Pero cambia la fotografía de la solapa, ese de triste mirar no eres tú. Del mismo fotógrafo, pero otra.