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Quién se atrevería a discutirlo?... fue tan torero en la calle vivida y en la vida callejeada o en corrillo de gente y pueblo, como fue varal en la arena citando de lejos al toro bufador para recetarle dos banderillas de antología, capotazo macareno y natural de franela mojada que podía dejar bizco del izquierdo al bicho. Felipe Zapico era. Y ayer se fue a meterle el pico de su muleta en el morro de la eternidad que humilló testuz al ver que tenía ante sí a un novillero de muchos ecos y leyenda en esta tierra, taurina hace siglos, más de los que parece en este tiempo lánguido y algo reacio a entender la carga cultural que pesa en el mundo del toro, su lidia y su dehesa. Ahí rebulle en crónicas la lidia que todos los años hacía León en el siglo X con un novillo que los carniceros de la ciudad estaban obligados a entregar al común de vecinos que, tras burearle y darle suertes de vara, se lo comían en jolgorio vecinal en las eras del Ejido.

Con Felipe Zapico se va el aldabonazo más sonoro del mundo taurino leonés. Resuenan en la memoria nombres leoneses hilados a la tauromaquia —Avelino de la Fuente, Julio Norte, el efímero Pedrito Fernando, Laudi Campo, Javier Castaño-, pero Felipe Zapico será siempre el que más ecos despierte a vuelta de página en las hemerotecas, en las fonotecas radiofónicas o en las teletertulias... porque si empezó como maletilla saltando al ruedo a lidiar una oportunidad y ejerció los grados de peón de brega y banderillero en cuatro cuadrillas de matadores para alcanzar la maestría con novillo y picador, asaltaría después el papel de empresario; y siempre, el de animador y sostenedor de la fiesta, entusiasta como nadie, figura en barrera de cualquier festejo en esta plaza... y elegante siempre en su aire juncal, retrechero, sombrerito de ala corta para no emboscar la mirada llana y directa, crudo en su sinceridad sin politiqueos y vehemente en el vivir, toreando a los días y al mañana por derecho y trajeado. Su mujer Conchi y sus hijos Felipe, Luis y Conchi tienen en su gracia entrada al orgullo limpio sabiendo que, al llegar ayer a los divinos candelorios, un san Pedro asombrado le resumió su biografía con un largo ¡ooooooole!