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Los corifeos de Sánchez, encabezados por la cada vez más bufonesca Montero, se afanan y desgañitan en el mantra de «bulo, fango/ fango bulo». De inmediato, sus bandadas de papagayos mediáticos las replican sin parar por televisiones, tertulias, redes y por todo resquicio por el que lo pueden colar. Pero no dura mucho la sensación. El sol acaba por salir, iluminar los claros y atravesar el dosel de palabrería forestal. Y emerge la realidad, la imagen nítida, la foto. Una foto más, que desbroza la maraña y abre trocha por las mentiras, por esa repetida de «yo a ese ni lo conozco, ni con un palo lo he llegado a rozar».

La de este lunes fue, desde luego, un reventón espectacular. Aldama otra vez en los «altos» de Ferraz pero esta vez en papel de «dirigente socialista», recibiendo a una delegación extranjera tras el reconocimiento del venezolano Guaidó, sentado a la vera del nº 2, Ábalos, el entonces todopoderoso valido, del caudillo y que hoy sigue y cada vez lo parece más en connivencia y pacto de protección mutua, los ha dejado abrasados. Al fondo del escenario la masiva y onminosa figura de Koldo añade el detalle que no podía faltar. Los ha dejado abrasados, por lo que se ve y lo que significa y certifica de su posición y máxima cercanía a la cúpula del poder socialista, y deja a la declaración ante el juez de Ábalos en lo que realmente es: una mentira tras otra, un pacto de silencio, con su propia banda. Un intento de socorros mutuos con su cachicán, para que cargue con los muertos y por el otro con el jefe, el nº 1, para no hacerse mayor daño y esperar favor futuro.

La impresión comprobando las secuencias y como se van engarzando las pruebas es que están más que pillados y que la ficción de que todo es una conspiración, excepto para los abducidos que cierto es que son legión, se está derrumbado con estrépito. El delincuente confeso, o sea Victor Aldama, es muy evidente que lo es, pero a tenor de los hechos y precisamente por esa asumida condición de serlo, y por lo que está demostrando que tiene documentado, adquiere cada vez mayor marchamo de veracidad. Esta semana ha comenzado con una verdadera cadena de bombazos que van corroborando lo que en realidad ya lo teníamos anunciado e incluso publicado. La respuesta vuelve a estar en la famosa «omerta». Esa es en la que todos se envuelven, con la que pretenden salvarse y que nos quieren colar como relato victimista. López y Montero de aquí a nada por lo que van a tener que preocuparse, en realidad ya lo están, es por su propio traje. La una ya tiene una manita socarrada y su jefe de gabinete puede que untadas las dos y el paracaidista lanzado sobre Madrid está a poco de quedarse colgado de los alambres y de aquello que le dio el Lobato al juez. Me queda una última curiosidad. Si algunos de estos citados, en particular Abalos y su guardián Koldo, prueban el jarabe de la cárcel preventiva, pongamos que por peligro de fuga o de destrucción de pruebas ¿van a seguir tan amiguitos y callados? No sé, no sé.