Diario de León

león en verso

Pide pañales a Valladolid

Luis Urdiales
León

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Hace poco que un locutor de la Cope le enjaretó una hostia de cuello vuelto a León, sin venir a cuento; al menos, sacudió en tercera del plural, no como Zapatero que se arroga el derecho de hablar a la muchedumbre en el nombre de todos a los que nos parieron entre estas cuatro paredes. La Cope de Dios, decía García, al dejar la pausa in albis y sin cortina, en medio del siglo de silencio en la radio. El PSOE defiende al leonés. Es necesario; es una especie que se extingue como los pardales y los laterales izquierdos. Todo será poco, salvo que nos encajen en una reserva de la que sólo se pueda huir a caballo. El leonés subsiste en su esencia, como el Barça. La radio lo explica bien; como dios, llegado el caso. Ni cotiza que es más fácil que al Barça le dejen ganar la liga que a la Cultural le permitan regresar al fútbol del minuto y resultado, compañero. Lo primero se explica en la Cope; lo otro, ya, es cuestión de que el poder aguante otra sesión de sonrojo, a cuenta del gol en el Reino de León, aunque sea un 2 en la quiniela. Asumirlo ahorra berrinches en primavera, cuando se reparten los alirones por esos campos de España a petición de la audiencia. Lo que saque a diente la UPL, dispuesta al contraataque esporádico mientras cubre puerta. Un poco, como el Racing de Maguregui. Así salió lo del plátano con el ministro de Valladolid la víspera de que el ministro de Valladolid remató por la escuadra con 200 millones para la estación de Valladolid. El Gobierno de todos. Otra cosa es el zasca particular con el delegado del Gobierno que defiende la oposición centralizada, ahora que el Pisuerga, y tal. El díscolo Joel Embiid resumió el día que desquició a Drummond en la cancha de Detroit: Tengo propiedades en su cabeza. Y construiré más. Ayer mismo, alguien entró a una farmacia a buscar una receta de celulosa, tercer pilar del estado del bienestar. No hay pañales ni en León ni en Ponferrada, despejó la farmacéutica. Vamos a pedirlos a Valladolid. Así subsiste el leonés, acosado entre las metáforas. Santos, que no tiene la soberbia de compañera, no se atreve a decir tanto como Embiid. Pero es evidente que tiene propiedades en la cabeza de Sen.

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