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Quiere el huérfano de nación procurarse nueva patria y por eso necesita un trapo para la bandera, una lengua para diferenciarse, un himno para la grada berrona y una historia que se deje domar para que pasen los leones por el aro, los monos por la ducha y los tigres por ventanilla... ¿quién duda que esta vida y este mundo son un circo con sus sueños malabares, su mago de truco viejo, su trapecista con red y su payasada de risa boba?... y que siga el ¡tachán-tachán!, ¡señoras y señores!... las penas con pan de circo son menos.

Cada vez que nos metemos aquí en el charco del llionés y su colocón de lengua desesperada, nosa llingua de montañas nevadas y banderas al viento, lengua que nunca fue y jamás pudo reinar sobre las tres o cuatro hablas leonesas más diferenciadas y a su vez contaminadas entre sí y fronterizas cada cual con lo astur, lo galaico o ese castellano que nos pisaba tierras y nosotros a ellos.... cada vez, digo, que aquí se saca esa llingua a pacer, ganamos vituperios encabronaos, anatemas solemnes, un carral de maldiciones... y todo, tras la sebe, tan cazurramente. Pero hay expertos y filólogos que discrepan de la dudosa reconstrucción del llamado leonés por estudiosos demasiado urgidos en lograr una sola lengua (y dictarla después la autoridá) sin que el pueblo lo plantee o la necesite y, aún menos, lo anime y alabe el gasto. También es cierto que para ser país se necesita la seña identitaria más potente, la lengua, así que aquí crece el juntarse la política con lo académico, ¿o es al revés?, en un necesitarse los dos, unos se juegan escaños y otros empleo soñado de intérpretes entre la lengua de los dioses, reyes o ancestros y el resto de los mortales que poblamos esta despoblación leonesa. L»objetíu legítimu ye labrase un puestu, fíu, ye colocase. Y no hay mejor empresa que el Estado; en cazurrés, l»Estau, l»autonomíe, l»untamientu. Y hale, manín, cámbiame»l callejeru y sepan tous y toes que agora fai que decí en llionés «Bona Ñavidá», con eñe y perdiendo letra, fíu. (Y mañana preguntamos ánde»stá l»academia que dictó to»estu, quién aprobó esi llïonés y qué dicen nuestros académicos de la Real... que digan algo, va).

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