CORNADA DE LOBO
Ferreterías
Cierra en Bembibre su vieja ferretería «Villarejo» con un siglo de historia bien cumplido y una lágrima tenderona se me va a la acequia triste de lo que no vuelve... difunta que Dios perdone, diría mi madre, porque una vieja ferretería es siempre un museo de ese trascoro humano de lo cotiano, desde una sartén a una alcayata, y es la tienda más tienda que pueda concebirse porque todo en ella, o casi todo, es de una necesidad incontestable y de una utilidad pasmosa, milagrosa a veces, apunta de la punta al candado, de un alicate a una gubia o ratonera... ¡y cuánta solución y cuánto material cabe en las cajoneras de sus estanterías hasta el techo!...Mi sinónimo de ferretería es esa que conocimos hasta anteayer ocupando en largo el rincón de la Plaza Mayor entrando de la Catedral, tiendona ancha de mucho escaparate colmado de lo que más se vendía. Compartía con su vecina y menor competencia, la de Ardura, una ventaja: la autoridad les colocaba a la puerta dos mercados semanales con verdulería, quesos, pichones, frutas, legumbres, conejos... y todo el León de acera y pueblos a la redonda desfilaba o huroneaba por allí con algo en la cartera, que no era más que monedero o la vieja faltriquera de tantas paisanas que atendían los puestos, si es que no iban los billetes directamente entre las tetas con cara rucia de ¡y atrévete a tocarme!... Llegados aquí hay que darle ya a esa ferretería su nombre y sus apellidos, los que tantos paisanos han de recordar aún, supongo: «Ferretería-Loza y Cristal— Los Valencianos»... casa fundada en 1840, en aquella ciudad de sólo siete mil habitantes condenada a ser pueblón macizo, rústico y buen reino de cabildos y cabildeos «nel monicipio». Ya llovió. Y la conocí en su traza vieja-vieja; se veía en mostradores desgastados, en combados estantes y en su suelo quejoso porque los tablones del suelo tenían su oleaje... y bajo ellos dormía el alma oculta de toda ferretería, un sótano-bodega, como una cripta religiosa de sólo bombillita para oficiar algún secreto bajo cuerda y en voz baja. Para un principiante plumilla, lo mejor, lo auténtico. Tengo que escribirte de ello, vente por aquí.