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Pase lo que pase, dice Rolán Tapioles, pintan gris oscuro palante, gris lelo pintan patrás con Franco en gris marengo y para hoy pintan gris morao moratón porque los guantazos de las noticias nos dejan cardenales en el ánimo... noticias muy inquietantes, aunque estos días suban disparadas las bolsas, ¿quién lo diría con el estertor que recorre hoy el planeta?... y qué curioso, ¿es que el dinero ya no es miedoso?... ¿o qué es lo que sabe y nosotros ignoramos para andar tan alegre en la zozobra?... lagarto.

Pero tras un enero gris caldera, cunde en el panorama mundial y nacional y local y en el bar alguna desorientación, demasiada agitación en el ambiente y cierto desánimo... porque los ánimos se nos arrugan o abollan, esta es la impresión, y las sorpresas, los impactos y los desengaños están al día como si lo torvo del bisiesto 2024 invadiera 2025 en modo Trump asaltando Groenlandia. Así que viendo lo que vemos, no es raro que se le quiten a uno las «ganas de». Algunos entran en barrena y el invierno les ayuda haciéndoles calderilla la depre. Hay quien lo lleva mal y con mal semblante. Pero también hay quien se lo toma a broma (¿hay mayor comedia que esta vida?) e imita al entrañable Miguel Caiceo, aquel que se trasvestía de limpiadora con su bata, su cofia y su fregona exclamando sin cesar «¡es que no tengo ganas de ná más que de morirme!»... pero ahí seguía ella cada día en su baja tarea y llevando por todo armamento una bayeta al hombro sin dejar de desfilar, destino fatal y resignado muy de mujer. Así que «no tengo ganas de ná»... pero si se canta a lo Camilo Sexto en su «hoy tengo ganas de ti» quizá cambie el color y el tono. Todo en la vida es cuestión de ganas, de que le entren a uno ganas de. Por eso desde hace ya un tiempo me gusta rubricar mis mensajes cercanos con un «salud, besos... y ganas», porque sólo echando un corazón besucón por delante y haciendo ganas se puede ir diluyendo el desánimo que corroe y desasosiega. Y porque si se van las ganas, entran las penas. Aunque también podría ocurrirnos lo de Carola, la de Aralla, que engordaba de pena... «me da pena tirar esto, me da pena tirar aquello»...