fuera de juego
Lindes con ultras
Tenía probablemente razón Rodríguez Zapatero cuando criticaba la ausencia de una memoria histórica. Se la otorgan varios episodios de los últimos días. Las dos películas premiadas en los Goya. Una (El 47), con el vaciado de media España, a mediados del siglo XX, para malvivir pisoteados por ser charnegos o maquetos, mientras eran el pilar de ese crecimiento económico catalán y vasco que ahora se nos vuelve en forma de boomerang de privilegios y prebendas. Y también nos refresca la memoria La infiltrada, sobre aquella vileza terrorista de unos personajes que, como bien retrata, eran execrables en sus vidas y actitudes, aunque no hubiesen llegado a derramar sangre.
La actualidad gira ahora muy rápido, entre tuits, memes e insultos previsiblemente desvirtuados por manidos. Cuesta percatarse de detalles que son, como mínimo, curiosos. Como el que reverdeció Rajoy en una entrevista en la tele: que la moción de censura contra la corrupción fue defendida, en el Congreso, como portavoz socialista por ¡Ábalos!, sobre el que aún está todo por escribir.... e investigar.
Tampoco sería malo revisar lo escrito y proclamado, hace ya décadas, por pensadores que alertaban del decaimiento de una Europa que se ensañaba en hacerse selfies al ombligo. Más allá de cuán poderosos tengan que ser sus ejércitos. Daba vueltas y vueltas a unas ataduras que la hacían más torpe. Ensimismada en sinsentidos y engolada en proclamas cansinas, ajenas a la realidad, y de una teletienda de ideas maniqueamente pervertidas. Hoy, los bloques poderosos del Planeta diseñan un futuro en el que se autoexcluyó un espacio supuestamente comunitario, pero que está obsoleto, fragmentado y guiado por intereses egoístas, y que cada día que pasa va a menos. Aquella mítica cuna de la civilización se ha empeñado en poner clavos a su propio ataúd. Dejando pista libre a los nuevos imperialistas que, como mínimo, generan incertidumbre. Aunque nuestros ultras más próximos vivan embelesados, unos con Trump y los otros con Putin.
Al final, parece que el mundo está dividido entre los que miran hacia adelante y los que se empeñan en obsesionarse con el espejo retrovisor. Quizá nuestro presidente leonés también fue, en cierto modo, el gran profeta de ese mundo al que nos abocan, cada vez más dividido y tensionado. Algo influiriría el haberse criado en esta tierra, en la que sigue pendiente la duda sobre qué mató más, el hambre o las pugnas por las lindes...