cuerpo a tierra
La casa por el tejado
En León capital, ya es cosa corriente despertarse peatonalizado. Hay algunas veces, también hay que decirlo, que no amanece clausurada de sopetón ninguna calle: son los días —porque a todo se acostumbra el cuerpo y lo termina echando en falta— en que el ciudadano, sobre todo si es conductor, se frota los ojos ante la repentina ausencia de iniciativa de los responsables municipales de «in-movilidad»; ante esa inesperada dejadez, por no llamarla indolencia, que viene a romper la inercia propositiva de convertir las vías de la ciudad en sendas que se adentran en el bosque o en pasos de ribera que, a falta de arboleda, aparecen alegremente pintados en una gama de colores que a lo que más recuerdan es a una leve pero traumática experiencia psicotrópica.
Ese ocuparse tanto de las calles y tan poco de lo que circula por ellas, que hasta ahora eran vehículos, porque el lugar destinado a los caminantes son las aceras por lo menos desde los tiempos de Roma, es una característica definitoria de esta corporación que aspira a que su principal hito de gestión sea la transición obligatoria de ciudadanos a peatones. Más allá de las devaluación de las calzadas —calzadas para ir a pie, dispendio retrospectivo— y de las propias aceras, que pierden sus resaltes para separarlas del tráfico que va dejando de existir, asombra la potencia nominativa con que se adornan las novedades, ese torrencial ingenio adjetival de titular de feria por el que se bautiza como urbanismo táctico a pintar un carril-bici con dos líneas paralelas, como intercambiador a una parada de autobuses o como pérgola bioclimática a un túnel de viento. Estos brindis al sol la verdad es que resultan bastante jocosos y siempre son bienvenidos por el pueblo y celebrados por los columnistas, aunque sigamos viviendo unos y otros en una localidad con más parques para perros que urinarios públicos.
¿No se habrá empezado la casa por el tejado? Tratan de disuadirnos para no usar el coche y a este paso terminarán disuadiéndonos también de vivir en la ciudad, ante los impedimentos para las cosas corrientes, empoderando las pedanías de ese alfoz que tanto crece. Realizar gestiones, compras o acudir a algún evento en el centro capitalino de León ya es algo más que complicado dado que, como la sensatez indica, antes de peatonalizar, hay que contar con aparcamientos de proximidad y un transporte público que funcione como un reloj suizo.