Inma Reyero

¿Nuestras emociones están equilibradas?

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Para Martina la mañana empezó como de costumbre. El cerebro hizo todos los rituales para tener el día bajo control. Se quejó un buen rato de esto y de aquello. Se preocupó mucho, para que ella no se ocupase de nada, así la mantuvo en el sofá victimizandose y procrastinando varias tareas pendientes. Por supuesto le dio su ración de culpabilidad por temas del pasado que no podía cambiar y de angustia por ese futuro que se adivinada terrible. Unas dosis de cansancio y de ansiedad hicieron el resto.

Era el plan perfecto porque al cerebro le importaba la supervivencia no que fuera feliz y si el día anterior consiguió mantenerla con vida mejor seguir haciendo lo mismo para evitar la incertidumbre y el miedo que le provocaba el cambio.

Pero después de la siesta, Martina empezó a escuchar una canción: «Carnaval, carnaval, carnaval te quiero». Era la señal que había acordado, la alegría con las demás, emociones para empezar su desfile. Al principio les costó organizarse, se sentían torpes, demasiados años siendo ellas mismas, pero todas querían experimentar cómo se sentía la alergia. Se ayudaron con disfraces que encontraron en un baúl. La tristeza se vistió de todos los colores y se puso una máscara para disimular que de vez en cuando su mirada tendía a infinito. La rabia quería tener razón y le costaba relajar el puño, lo llevaba muy apretado, sólo lo abría para señalar con el dedo todo lo que no era como tendría que ser, como ella quería. Casi se lía cuando la sorpresa que estaba en su salsa y corría de aquí para allá le dio un pisotón. Una peluca de Bob Marley y una camiseta que ponía Paz y Amor la calmó. El miedo salió temblando de un rincón, fue el último en unirse, se atrevió a afrontar cuando encontró el disfraz del coraje que es miedo caminando. Martina contagiada por esa buena energía entonaba eufórica «La vida es un Carnaval y las penas se van cantando». ¿En qué pensamos? ¿Nuestras emociones están equilibradas? ¿Tomamos decisiones que aumentan nuestro bienestar?

Dicen que somos seres emocionales que aprendimos a pensar, quizá sea el momento de aprender a reinterpretar lo que pensamos porque como también dijo el premio Nobel de Medicina Ramón y Cajal, todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro.