Al día siguiente dicen…
Como todas las manifestaciones, la del pasado día 16 deja comentarios, dimes, diretes, aplausos, vituperios, gestos de sorpresa… Demasiados protagonistas para la misma escena, al menos en apariencia. Quede dicho, como premisa, y por lo que se oye, que la convocatoria fue un éxito, a pesar de la mala o escasa publicitad. Me hablan de la necesidad para otras ocasiones de una difusión informativa activa, generalizada. Y de que es necesario unificar en un solo mensaje y discurso, como cierre, la esencia de la reivindicación. No el discursito de cada uno de los líderes. Lo de la cantidad de asistentes, como siempre, una guerra de cifras manipulada por intereses. Todo el mundo, al parecer, está convencido de que algunas representaciones asistentes con cara de póquer deseaban en realidad el fracaso de la llamada reivindicativa. Allá cada cual con su poca empatía y el cinismo encubridor.
Durante los días siguientes, hasta que otros ruidos acapararon nuevas atenciones, todos intentaron sacar pecho, que es una forma artificial de la mentira. Se agotaron afirmando, unos y otros y los de más allá, que ellos sí que son cojonudos, que hicieron, hicieron, hicieron… Que de qué nos quejaremos los desterrados hijos de Eva. No vale de nada la cansina repetición de la historia. Porque con tanta guerrita estúpida que no aporta soluciones, la puerta de salida, especialmente de los más jóvenes, está cada día más abierta. Déjense de monsergas y pónganse a trabajar de una vez. Que eso era lo que pedía la ciudadanía en la calle y que seguramente ya está en el amplio rincón de los olvidos.
Siempre llama la atención la actitud de los políticos que, al desaparecer de ese ámbito, dejan de alimentar sus convicciones, teóricas, que servidor piensa más en sus conveniencias. Miren, como ejemplo, los que se arrogan la supremacía del amor por la tierra, que, en este caso, desenfocaron la idea de la convocatoria, que inicialmente discurría por otros cauces. Está bien el reparto de símbolos y de la denuncia del crecimiento de algunos hierbajos en cualquier rincón. Los sentimientos primarios deben complementarse al menos con actitudes más serias que deben estructurarse y fundamentarse también con la racionalidad y el empaque. Liderar es otra cosa.
Las hasta ahora poderosas organizaciones políticas asistieron a la convocatoria como quien oye llover. Simplemente porque lo marca el guion, más pendientes de la foto y de las declaraciones que de otra cosa. Cómo se nota. Pierden el culo por un micrófono. Eso sí, unidas, por separado, naturalmente, sus guardias pretorianas, que no otra cosa son más que la guardia del poder del cargo, mimando a la cabeza de las decisiones. Una, perdida en la filigrana del lenguaje, que no sabe por dónde salir para evitar contradicciones flagrantes; la otra, insultando sin más, con no sé qué parecido de catalanización independentista. Cuánta barbaridad lo de ganar méritos ante sus respectivos Ojos Supremos.
Acabo con la hipótesis que me planteó aquel día un ciudadano. La sociedad civil debe estar más implicada para evitar tantos desmanes. Me dijo: «En el hipotético caso de una nueva comunidad autónoma, estos que dicen no creer en ella se matarían por gobernarla. Nuevos Sanchos en la Ínsula Barataria».