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Me sigue pareciendo la mejor viñeta política de la historia contemporánea española. La firmaba Ramón, aunque alguna memoria campanera se la atribuye a El Roto o a Chumy Chúmez, tan insuperables los dos. Fue portada del semanario «Hermano Lobo» («semanario de humor dentro de lo que cabe», se subtitulaba) y se publicó en 1975 tres meses antes de la muerte de Franco cuando ya la censura oficial no se atrevía a morder a lo salvaje como acostumbraba o ya no podía tanto con su risa. En la viñeta aparece un político en tribuna alta y a sus pies el pueblo en pelotón, exclamando el orador ¡O nosotros o el caos!... replicando el pueblo al unísono ¡El caos, el caos!... y concluyendo el baranda ¡Es igual, también somos nosotros!...

Se diría que el dibujante profetizaba el gran mensaje del populista y totalitario que hoy vocifera su redención desde el púlpito de un mitin multitudinario o con tribuna insultadora en templos digitales, sólo que ahora pasan del «nosotros» y eligen el obsceno «yo» de ombligo inmenso volviendo a un caudillismo muy necio, muy infantil y muy grandón. Lo deja claro el video realizado por los propagandistas de la Casa Blanca con inteligencia artificial recreando el delirio de Trump de convertir Gaza en un bestial Marina D»Or (oh, el oro), resort de despendole lujoso donde aparece ese Donald en gigantesta estatua de oro más grande que el Coloso de Rodas, un Musk jalando hummus con nachos dorados y lloviendo billetes del cielo sobre avenidas con palmeras y piscinas en las que Netanyahu y el presidente americano se zumban un calderito de daikiri espatarraos en sus tumbonas. El propio Trump difundió esta fantasmada que ha escandalizado incluso a sus republicanos, «se cree que es Dios», dicen, mientras Musk le eclipsa en la primera reunión del Gabinete al declarar «sin mí Estados Unidos irá a la bancarrota», otro ego que tal baila. Todo lo cual inspira profecía: tarde o temprano habrá un choque de esos dos ególatras y uno, o los dos, acabará estripao, que es por lo que reza aquí uno en la iglesia del Mercado, pues sólo el mercado es el dios de esos oligarcas.