Cornada de lobo
No es necesario
Me asombra. Me admira. Me inquieta. Y me mosquea. Los sabugos, cinco arces y un manzano que veo desde mi ventana presos y salvajes en un gran solar entre las Cercas y Barahona —donde la incuria y la ruina vegetan turnándose— hace dos semanas que desabrochan sus yemas y verdecen más de un mes antes de invitarles su calendario. Igual le ocurre al negrillo-bonsai de mi balcón al que engordo con temores y piropos desde hace veinticinco años hasta verse convertido en una bella maqueta de negrillón, se despendola, no se reprime y también verdea hoy adelantándose un mes. Jamás vi cosa tal. Invierno blandito y aguas abrileñas en marzo les confunden. O no. Ellos saben... porque recuerdan. Los árboles tienen memoria, se acomodan a las circunstancias cambiantes, se pliegan a lo que hay, barruntan lo que viene y nos avisan... pero aquí sólo miramos al plato y al pijo.
Dice la ciencia que lo vegetal fue la primera vida que apareció en el planeta y será la última en irse (junto a las cucarachas, supongo). El árbol sobrevivirá al hombre que tanto se empeña en acelerar su despedida de este mundo sin probar pipas Facundo y vertiendo pestes al aire que invitan a la secura o al aguacero devastador como un chamán borracho. Y el biólogo precisa: los árboles tienen memoria climática, se la transmiten a sus hijos, se comunican entre ellos hablando con sus raices o voceando sus hojas peligros que otras plantas escuchan, pero nosotros no. Y se disponen. Algunos no podrán superar los serios cambios que les asedian, pero los supervivientes llevarán mochila de experiencia y escarmiento con la que nos aventajarán en afrontar lo que tenga que venir. Y cuando hayamos desaparecido, los árboles volverán a invadir las autopistas y cultivos que sangran la Amazonía, acacias y encinas se plantarán por sí solos ante tu portal en ruinas y el planeta entero se cubrirá con gran manto verde invitando a un nuevo capítulo de la vida... y confiando en que, cuando vuelvan los monos, ninguno aprenda a andar de pie y juegue a ser hombrecito porque ya sabemos en qué suele acabar eso. Repetir curso no es necesario.