Broncano & Jessica
Uno de los episodios que sí ha fracasado, dentro de este permanente serial de asalto al poder que presenciamos, tiene su epicentro en la tele. Es ese afán, sin límites ni reparos, por acaparar el llamado dominio del relato, se apostó todo a la carta por Broncano. Con la mejor mesa y mantel, para acabar con el liderato de un indeseado, que pese a todo sigue como una «Moto». Fue un capítulo especialmente publicitado en eso que se llamaba el «ente público» —de todos— y que se desprestigia prostituido. Ahogado en un mar de deudas, a las que no importa añadir más ceros, para convertirla en un aparato propagandístico que sería la envidia de Goebbles, y generaría sonrojo en las redacciones del Pravda, la radio cubana o el Observatore Romano. Para avivar un incensario hacia el poder al que no hacen ascos una buena parte del establishment mediático español, poniéndose en evidencia, y sembrando un campo de minas en un futuro de deshonra. Lo fácil es someterse y escribir siguiendo el «dedo elegido para la gloria». Allá dónde se vaya, sobran ejemplos.
Pero el caso Broncano, y sus facturas pagadas a tocateja por todos, coincide con otras nóminas que se están desvelando. Fueron financiadas por una empresa pública, según las investigaciones policiales y judiciales, a la compañera de faenas que hacía los apaños al ministro, y hasta anteayer topoderoso, mano derecha de Pedro Sánchez en Ferraz. Ese Ábalos que quizá sufrió lo que podría llamarse «gafe leonés» o maldición del «topo de la catedral». Le ocurrió al barcelonista Piqué, pitado por primera vez por los chavales leoneses que acudieron al entrenamiento de la selección en el estadio Reino de León. Activaron una tradición que ni siquiera ha desaparecido del todo tras quitarse el pantalón corto y subirse al twingo. También sabe bien lo de salir malherido de aquí el aún ministro Óscar López, al que han tenido que recauchutar, al menos un par de veces, tras estrellarse con todo el equipo con la moción de censura de Ponferrada, en pleno 8-M, con un proscrito por acosador. Y ese Ábalos que quitó el bozal, junto al Espolón leonés, a su mejor amigo Koldo para augurar tiempos difíciles para alguno... sin darse cuenta que estaba entonando su propia condena.