Diario de León

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No estaban muertos, aunque los hubiéramos dejado enterrados. Cuando creíamos que la muerte en la mina se había convertido en una noticia vieja, en blanco y negro, el lunes la sirena en la boca del pozo de Cerredo resucitó la memoria del sacrificio de los mineros que levantaron esta provincia desde sus entrañas. Cuando nos habían convencido de que todo lo que le pasa a León se debe al cierre de la minería, como razonan el Gobierno y la Junta, que utilizó legislatura tras legislatura los fondos Miner de la UE para hurtar su presupuesto ordinario y reinvertirlo en Valladolid, el carbón se cobró otras cinco vidas como tributo para que no olvidemos la deuda con las cuencas, abandonadas a la rapiña de los nuevos especuladores de la falsa transición justa.

Han cambiado las razones sociales, necesitan menos empleados, pero son los mismos de siempre: los patrones del carbón que hicieron rehenes a las cuencas, mientras chantajeaban a las administraciones con la amenaza de los despidos para cobrarse las ayudas. Ese dinero que venía de Europa y pasaba por los despachos de Madrid y Valladolid, nutre las apuestas para rentabilizar la miseria. El cisco que dejaron aquellas vetas alimenta las inversiones subvencionadas de verde. Al puto carbón de toda la vida lo llaman ahora antracita prémium. El adjetivo endulza la explotación de una mina que pasó por Victorino Alonso, Rodolfo Cachero y Jesús Manuel Rodríguez, los tres con ficha en la cárcel. La familia de éste último, imputado en una operación que metió 400 kilos de cocaína camuflada como carbón vegetal, se enfrenta ahora a la investigación por las condiciones de la explotación. A ver cómo explica el Principado que no actuó cuando conocía las denuncias en Fiscalía por las presuntas prácticas irregulares de la empresa. La misma que cursaba licencia en Caboalles para otra explotación similar. No fue un accidente. Hace décadas que no cuela esa coartada, como en el pozo Emilio del Valle de la Hullera, donde cayeron seis mineros y, más de once años después de los cadáveres y dos más tarde del juicio, aún esperan la sentencia. La palabra que buscan es homicidio. Jorge Carro, Rubén Souto, Amadeo Bernabé, Iván Radio y David Álvarez: cinco nombres más para la enorme lista de la infamia que arrastra la provincia. Los mineros nunca morirán, mientras viva León.

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